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Nuestras Historias

Queridísimo Plácido

El reconocido tenor se confesó con la directora de orquesta mexicana, Alondra de la Parra, a quien compartió sus anécdotas y experiencias a lo largo de 50 años de carrera.
El reconocido tenor se confesó con la directora de orquesta mexicana, Alondra de la Parra, a quien compartió sus anécdotas y experiencias a lo largo de 50 años de carrera.
placido El reconocido tenor se confesó con la directora de orquesta mexicana, Alondra de la Parra, a quien compartió sus anécdotas y experiencias a lo largo de 50 años de carrera. (Foto: Revista Quién.)
LISTO PARA LO QUE VIENE. Plácido cumplió 50 años de carrera y va por más.
LISTO PARA LO QUE VIENE. Plácido cumplió 50 años de carrera y va por más.

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El 29 de abril Plácido Domingo y yo compartiremos el escenario del Auditorio Nacional. Será la primera vez que actuemos juntos en México y lo haremos en el marco de las celebraciones y homenajes a nivel internacional por sus 70 años de vida y 50 de carrera. Aquí les ofrezco parte de una plática que tuve con el gran tenor.

Querido Plácido, es un gran honor tener la oportunidad de conversar contigo, siempre has sido un gran ejemplo a seguir para mí, así como para muchos jóvenes de todo el mundo por tu trayectoria artística, tu labor filantrópica y el gran impulso que has dado al talento musical joven. Estoy muy emocionada de compartir nuevamente el escenario contigo. Es un homenaje en México como varios que has recibido en otras partes del mundo por 50 años de una carrera excepcional. Eres una gran inspiración para mí y quisiera con este motivo conocer y compartir con tu público algunos de los aspectos relevantes de tu carrera a lo largo de estos primeros 50 años.

Comencemos recordando los años en los que viviste en México y tus comienzos en la zarzuela.

¿Cuál es el recuerdo más grato que tienes de esos años?

La verdad es que sí fue un cambio de ambiente bastante grande entre las calles detrás del Parque El Retiro en Madrid, donde crecí, a México. Pero esa música maravillosa de la zarzuela me acompañó de continente a continente, donde me recibió la música ranchera. En México empecé a involucrarme más y más en el mundo de la música y despertó mi espíritu por el teatro. También recuerdo la pasión que me nació por los toros.

Hace poco me contabas anécdotas fantásticas de tus comienzos. Recuerdo una de cuando fuiste corista de un cantante popular. ¿Me recuerdas la historia?

Sí, claro. Fui acompañante vocal de César Costa con la canción de "Put Your Head On My Shoulder" ("Tu cabeza en mi hombro").

Cuando iniciaste cantando con tu hermana en las zarzuelas me contaste que silbabas muy bien y que silbaste en una película...

No, no fue silbando sino tocando la armónica, doblando la melodía de Chucho el Roto.

Cuando arrancabas tu carrera, ¿quiénes eran tus ídolos musicales en el canto?

Sin duda, los primeros fueron mis propios padres, quienes me enseñaron la riqueza de este arte así como lo fantástico que puede llegar a ser el teatro. Pero aparte, a mí me inspiraron siempre mucho los grandiosos Jorge Negrete y Carlos Gardel.

¿Cuál dirías tú que fue el gran salto en tu carrera que te posicionó como uno de los grandes en la esfera internacional?

Yo creo que fue mi debut en Estados Unidos, inmediatamente después de los tres años que pasamos en Tel Aviv mi esposa Marta y yo. Mi debut en el State Theater de Nueva York en Don Rodrigo (de Alberto Ginastera) fue un paso definitivo. Después, quizás mi debut en la Metropolitan Opera de Nueva York cantando el papel de Maurizio en Adriana Lecouvreur (de Francesco Cilea).

LUEGO DE PERDER A CUATRO FAMILIARES EN EL TERREMOTO DEL 85. Ofreció múltiples conciertos en beneficio de las víctimas.
LUEGO DE PERDER A CUATRO FAMILIARES EN EL TERREMOTO DEL 85. Ofreció múltiples conciertos en beneficio de las víctimas.


Hace poco te vi en Alemania y me impresionó mucho escucharte una noche con la Filarmónica de Berlín cantando a Helden como tenor en la ópera Sigfrido (de Wagner) y al día siguiente con la Staatskapelle (la orquesta estatal) interpretando al personaje principal como barítono en Simon Boccanegra, de GiuseppeVerdi. ¿Cómo puedes cultivar un registro tan amplio que te permite cantar desde Gluck a Wagner y Verdi pasando por un amplísimo repertorio en días consecutivos y con orquestas diferentes?

Fíjate que precisamente esa vez a la que aludes es cuando yo mismo tuve la curiosidad y breve ansiedad de ver qué iba a pasar con mi registro de tenor requerido por Sigfrido, justo después de cantar una tanda de funciones como Simón Bocanegra con el color más oscuro de barítono.

Mi voz ha ido cambiando con el tiempo y he podido entender eso puntualmente para adaptar mi repertorio y explorar diferentes matices en el color. También algo que procuro hacer siempre es tratar de respetar y adaptar mucho la supuesta edad de los personajes que he interpretado con mi propia edad.

¿Cuáles son tus papeles más temidos?

Temidos, todos los papeles en la cuerda de tenor. Empecé muy pronto con Otello (de Giuseppe Verdi) y Los cuentos de Hoffmann (de Jacques Offenbach), seguido del repertorio alemán. Cada papel requiere de mucho respeto y ciertamente cada uno exige un grado diferente de atención, pero el más satisfactorio y demandante es el que estoy haciendo en ese preciso instante.

¿Cuáles han sido tus papeles favoritos en estos 50 años y por qué?

Me imagino que es inútil no reconocer a Mario Cavaradossi en Tosca (de Verdi), que fue el papel que más veces canté, como uno de mis favoritos.

Pero Otello ha sido el papel por excelencia tanto musical como interpretativamente. Ese papel lo tiene todo y a mí me permite agarrar vuelo y sufrir, sufrir mucho, en escena, que es lo que me gusta. En ocasiones la música es tan poderosa que puede llegar a conmoverte o hasta abrumarte cuando la estás interpretando.

ALONDRA RESPONDE SOBRE PLÁCIDO

El primer recuerdo: De pequeña, en un concierto de los Tres Tenores, me pareció fantástico.

Aprendizaje de lejos: Siempre admiré su gran presencia escénica y desde luego su voz, su gran calidad humana y la forma tan generosa en la que siempre impulsa a jóvenes talentos.

Y de cerca: Es un gran ejemplo y trabajar con él siempre es un aprendizaje en todos los sentidos. Admiro desde luego su disciplina al trabajo, su gran carisma, su energía, pero sobre todo me impacta que en los momentos de mayor presión, nunca pierde la paciencia, siempre se conduce con una gran dulzura y caballerosidad. Es un verdadero placer trabajar con él.

Una anécdota: Mi primer concierto con él (Washington National Opera, en 2009). Ensayamos todo el programa con mucho detalle pero al llegar al final, como es costumbre, el público no paraba de ovacionarlo y pedía más. Era impresionante la adrenalina. Con esa frescura y experiencia que lo caracterizan, comenzó a improvisar, esperando que yo le leyera el pensamiento y obvio me puso a temblar. Él se acercó hacia mí cantando y actuando como si yo fuera la soprano que alternaba con él. Esto me puso tremendamente nerviosa, pues tenía que ponerme a hacerle segunda en la actuación, debía al menos sonreírme con él y mirarle a los ojos, pero ello no me permitía voltear a dirigir a la orquesta. Salió increíble y jamás podríamos haber ensayado lo que ahí sucedió. Al terminar el concierto nos abrazamos y nos reímos mucho. Es un momento que nunca olvidaré.

¿Qué pieza o papel te conmovió? ¿Y cómo lo controlaste?

Vivo con música todos los días y es sin duda mi pasión hacer música. Abrumadora, sólo la "música" atonal o carente de melodía.

De los directores de orquesta ya fallecidos ¿con quién te gustó más trabajar y por qué? ¿Extrañas a alguien en especial?

Con el maestro Herbert von Karajan existió, las pocas veces que trabajamos juntos, siempre un enorme respeto y conexión. Inclusive llegó a reconocer en mí también a un colega, a otro director de orquesta. Sir Georg Solti fue siempre un encanto y un músico extraordinario, pero quizás mi mayor placer (por conocerlo) y dolor por su pérdida fue Carlos Kleiber, con quien también compartí una bella amistad.

¿Cómo se dio el proceso de transición de cantante a director de orquesta? ¿Es algo que siempre quisiste hacer? ¿Cómo distribuyes tu tiempo para mantener ambas carreras?

Creo que la transición fue al revés. Mi sueño era ser director de orquesta, pero cuando mis padres me escucharon cantar me reenfocaron.

La dirección de orquesta nunca la abandoné y llevo dirigiendo casi, casi tanto como cantando. Ambas cosas son apasionantes. Una nutre a la otra e inclusive la dirección ayuda al "cantante".

¿Qué te hizo tan generoso?

La vida y el público.

¿Qué te dio la templanza?

Mis padres primero y luego Marta, mi esposa. Mi propia disciplina, profesionalismo, compañerismo y puntualidad me la exigen.

Tú conoces bien a México y te sentimos como mexicano, te queremos y admiramos, por lo que tu voz es importante. ¿Qué nos tienes que decir en estos momentos de nuestra historia?

Unión y entereza. A mí, México me lo enseñó e inculcó, y ahora lo comparto con todos. ¡Vale la pena!

Por México. El tenor siempre habla bien del país donde vivió de niño y debutó.
Por México. El tenor siempre habla bien del país donde vivió de niño y debutó.


¿Eres para mí y para muchos un ejemplo a seguir como promotor de jóvenes talentos y creador de oportunidades. ¿Cómo empezaste a desarrollar estos proyectos y en qué estás enfocando tus esfuerzos hoy en día en este aspecto?

Sigo completamente entregado y comprometido al descubrimiento, el lanzamiento y el desarrollo de nuevos talentos operísticos.

Por esto sigo con los Programas de Jóvenes Cantantes de Washington, Los Ángeles y Valencia, así como con el concurso Operalia que fundé hace ya 19 años.

Todo empezó en Tel Aviv, cuando entre mi esposa y un gran colega y amigo nuestro, Franco Iglesias nos ayudábamos para entender y mejorar aspectos de técnica y de canto.

Además de ser uno de los grandes tenores del mundo, director de orquesta, director de teatro... con una actividad impresionante, has hecho mucho trabajo filantrópico, tienes una familia... ¿Cómo le has hecho para mantener tu vida personal y profesional en armonía a lo largo de tu carrera?

Lo he dicho siempre, le debo mucho a mi familia, a la paciencia y al apoyo solidario que me han tenido. Todos nos hemos sacrificado de un modo u otro, pero hemos y han entendido por qué.

¿Cuál es tu placer más grande y a la vez más sencillo?

Los postres. Todos en la familia Domingo somos muy dulceros.

Pide un deseo...

En general, pediría la paz universal; y en lo personal, salud y felicidad para mi familia.

Texto tomado de la edición 237 de la revista Quién.

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