La vez que Vicente Fernández nos abrió las puertas de su rancho

Con motivo de su retiro de los escenarios, recordamos la vez en la que nos dejó conocer su rancho `Los tres Potrillos´, lugar mágico en el que el cantante ha pasado los mejores momentos con su familia
Con motivo de su retiro de los escenarios, recordamos la vez en la que nos dejó conocer su rancho `Los tres Potrillos´, lugar mágico en el que el cantante ha pasado los mejores momentos con su familia
 Con motivo de su retiro de los escenarios, recordamos la vez en la que nos dejó conocer su rancho `Los tres Potrillos´, lugar mágico en el que el cantante ha pasado los mejores momentos con su familia

Para nuestra edición 254, Vicente Fernández nos dejó fotografiar su rancho "Los tres Potrillos".

Les presentamos la entrevista íntegra que nos concedió hace cinco años. Si deseas conocer el número completo puedes adquirirlo en su versión digital, dando clic aquí.

********


Vicente Fernández tiene 48 años de carrera profesional, pero vive de la cantada desde que tenía 20 años de edad.
 Vicente Fernández tiene 48 años de carrera profesional, pero vive de la cantada desde que tenía 20 años de edad.  (Foto: José Luis Castillo)

A sus 76 años y con 49 años de carrera, Vicente Fernández se retira de los escenarios. Lo hizo este 16 de abril en el Estadio Azteca y fue de manera gratuita. Así lo anunció a través de su perfil de Instagram. Alejandro Fernández, su hijo, lo acompañó con un par de canciones para darle el adiós. Chente, como mejor se le conoce, no se considera más que Pedro Infante o Jorge Negrete, pero nos aseguró que tales artistas no le aguantarían el paso. En 2011 nos recibió en su rancho "Los Tres Potrillos" para hablarnos de su mujer, su fortuna y sus hijos, y reitera: "No dejo de cantar si no se cansan de aplaudir".

Está entero, camina erguido con la frente en alto, como si tuviera 20. Sale de su recámara en bata, pocas arrugas en la cara, pelo blanco, bigote y cejas negra que lo caracterizan, se acerca sigiloso y saluda amablemente: "Vicente Fernández". Habla directo y sin rodeos, organiza, regresa a su cuarto, se viste de charro y pide iniciar pronto la sesión, ha dormido poco y no está dispuesto a esperar un minuto más, quiere volver a descansar.


En su estudio tiene cuadros de sus hijos Vicente, Alejandro y Gerardo a caballo.
 En su estudio tiene cuadros de sus hijos Vicente, Alejandro y Gerardo a caballo.  (Foto: José Luis Castillo)

Tiene 49 años de carrera profesional (más de 65 millones de discos vendidos y casi 30 películas filmadas) como cantante, pero dice que desde los 20 la música le da para vivir, pero eso no es lo importante, afirma: "Hay dos tipos de cantantes, los que viven de cantar y los que vivimos para cantar; yo soy de los segundos. Ahorita, a mi edad, no tengo necesidad económica de cantar, ni sé lo que cobro, mi vicio es salir al escenario y escuchar los aplausos, no me importa el dinero".

Para la entrevista nos recibe en un estudio de gran calidad. "Ya lo quisieran los de Sony", dice con una sonrisa. Aquí grabó "Otra vez", el álbum en el que compartió créditos con su amigo Joan Sebastian.


El rancho `Los tres Potrillos´ es un lugar muy acogedor.
 El rancho `Los tres Potrillos´ es un lugar muy acogedor.  (Foto: José Luis Castillo)

El lugar está repleto de discos de oro y platino; además de muchos fotomontajes donde Vicente aparece con celebridades como Marilyn Monroe o Frank Sinatra; él los hace, es su hobby, asegura.

Nació el 17 de febrero de 1940 en Huentitán El Alto, Jalisco. Hijo del ranchero Ramón Fernández y del ama de casa Paula Gómez de Fernández. Está casado desde 1963 con quien fuera su vecina de la infancia, María del Refugio, Cuquita, Abarca Villaseñor y es padre de tres potrillos, Vicente, Gerardo, Alejandro, y una potranca, Alejandra. El ídolo de la canción ranchera es abuelo de 11 chiquillos.

¿Cómo fue su infancia en Huentitán?

Nada especial, como la de todos. Yo terminé el sexto año y no quise estudiar, entonces mi padre, quien era ganadero, como castigo me metió a ordeñar las vacas. Él trabajaba a crédito el ganado y fracasó, por eso nos fuimos a vivir a Tijuana, donde anduvimos buscando trabajo.

¿Emigraron buscando una mejor vida?

Sí, primero me puse a lavar coches, luego trabajé lavando platos en un restaurante que se llamaba La Casita y de ahí dando bola (como bolero) y luego en una compañía constructora en la colonia Hipódromo haciendo los cimientos. Yo tenía una hernia en un testículo, y un día el mayordomo me encontró con las patas pa'rriba y metiéndome las tripas. Le dije qué me pasaba, con toda vergüenza me bajé el pantalón y al ver lo mal que estaba, le habló al jefe de los pintores y me metió a la pintura.


Vicente Fernández tiene más de 30 monturas, casi todas con sus iniciales.
 Vicente Fernández tiene más de 30 monturas, casi todas con sus iniciales.  (Foto: José Luis Castillo)

EL CUÑADO

A sus escasos 17 años, Vicente era asistente de los pintores quienes, dice, se peleaban por tenerlo como compañero, pues durante las jornadas laborales cantaba y hacía el trabajo más ameno.

"Me la pasaba lijando las paredes, quedaba blanco hasta las pestañas y siempre cantando. Me decían El Cuñado. En las mañanas, cada quien elegía a su estudiante y todos los pintores me querían a mí para que les cantara, me empezaron a agarrar cariño, me explicaban y me enseñaban a igualar colores, y como al año yo ya era pintor y tenía a mi papá de ayudante", cuenta con orgullo.

Luego le enseñaron a laquear muebles y con las chambitas que iba haciendo le compró a su hermana menor el vestido de 15 años que tanto quería: "Llegaba con el encargado de la obra y le pedía que me dieran trabajo, a veces no querían porque me veían muy joven, pero yo les decía, ‘si no se ve en ellas no me paga'. Así gané como 50 dólares y con eso le compré el vestido a mi hermana, sus zapatos y hasta una ida al cine".


Uno de los pasatiempos favoritos de Vicente Fernández es pintar a mano huevos de gallina o avestruz.
 Uno de los pasatiempos favoritos de Vicente Fernández es pintar a mano huevos de gallina o avestruz.  (Foto: José Luis Castillo)
Detalle de uno de los huevos pintado a mano.
 Detalle de uno de los huevos pintado a mano.  (Foto: José Luis Castillo)

CON VOZ DE TENOR

En Tijuana, El Charro de Huentitán tenía un tío, dueño del restaurante típico El Chacho, donde había mariachi. Vicente era el cajero, pero normalmente abandonaba su puesto para unirse al grupo y cantarle a los clientes.

Tiempo después emigraría a la Ciudad de México en busca de una oportunidad como cantante y ésta llegó en el famoso restaurante Amanecer Tapatío.

"Andaba buscando restaurantes típicos para trabajar y el más elegante que había era el Amanecer Tapatío, que estaba en Niño Perdido y Obrero Mundial, pero por pena llegué a uno de enfrente porque ese se me hizo muy elegante. Se llamaba Bajo el Cielo de Jalisco. Me fui con los muchachos y les expliqué que venía de Guadalajara y cantaba para ver si me daban trabajo de solista y me dijeron que sí, pero tenía que hacer una prueba con un cliente. Me acuerdo perfecto, llegó uno y pidió una canción de Agustín Lara que se llama "Enamorada" -dice mientras tararea la melodía-. Me dijeron que sí pero que ellos realmente trabajaban en el elegante al que me había dado vergüenza entrar y me quedé un rato ahí", dice.

Luego de dos años, Vicente regresó a Guadalajara, pues una "chaparrita caderona" le había robado el corazón: "Contraté una mudanza, debía mis muebles, pero no importó, me fui a San Juan de Dios a cantar, luego al Canal 6 en Guadalajara, pero pronto me dejó el mariachi porque a mí me daban mucha propina".

Tras insistir e insistir semana tras semana, consiguió trabajo fijo en El Zarape, un cabaret de música ranchera, y con lo que ganaba y las propinas empezó a pagar todas sus deudas.


En el rancho tiene más de 100 caballos.
 En el rancho tiene más de 100 caballos.  (Foto: José Luis Castillo)

ELLA SABE EL MARIDO QUE TIENE

Desde niño, Vicente conocía a la familia Abarca Villaseñor, unos vecinos con los que convivía muy seguido, pero un día, cuando él vivía en Tijuana, visitó su natal Huentitán y quedó totalmente enamorado de su Cuquita, una de las menores de la familia.

"A lo lejos, vi a una chaparrita muy abultadita de pecho con unas caderotas, chapeadita y dije, ¡ay, cabrón! Empecé a preguntar quién era y resultó que era la hermana de Raúl, mi amigo de la infancia. Un día me la encontré en misa, le hablé, le regalé una flor de laurel y le dije que si quería ser mi novia, me dijo que el domingo me decía y me dijo que sí", comenta con cara de picardía.

"Yo estaba en México e iba y venía, y le dije: ‘Mejor búscate un novio porque yo no voy a poder estar aquí y allá y te voy a quitar tu tiempo'. Pero una vez que regresé salimos al centro y en la noche la llevé a su casa. Ahí vimos a un tipo y yo pregunté: ‘¿Quién es?' Ella se puso blanca y me dice: ‘Es mi novio'. Y entonces le dije: ‘Ah, bueno, me voy a meter y te doy 10 minutos para que lo mandes a la chingada porque tú y yo nos casamos el 27 de diciembre'. ¿Por qué el 27? Quién sabe, pero se me ocurrió y así fue, nos casamos el 27", dice el cantante.


Esta es la arena de espectáculos.
 Esta es la arena de espectáculos.  (Foto: José Luis Castillo)

¿Cuquita es celosa?

Ella dice que de las puertas del rancho para adentro soy su marido, pero de las puertas para afuera soy del público. Además, después de 47 años de casados, ella sabe el marido que tiene y yo sé la mujer que tengo.

TRAS EL DOLOR, EL ÉXITO

Al poco tiempo de casados, la pareja tuvo a su primer hijo, Vicente, quien nació de seis meses y medio y necesitaba hospitalización, pero los esposos no tenían dinero, así que lo sacaron del sanatorio, se lo llevaron a la casa de los papás de Cuquita y con botellas de agua caliente y focos de los que se usan para las carnitas lograron que el pequeño superara la crisis.

Una nube negra se postraba sobre la familia Fernández, las cuentas se acumulaban y El Charro de México se deprimía por no poder darle a su familia todo lo que había deseado, en varias ocasiones había tocado las puertas de varias disqueras para ofrecer sus servicios, pero no se abrían.


La razón por la que Vicente Fernández ama tanto a los caballos es porque, en palabras de él, son los animales más nobles.
 La razón por la que Vicente Fernández ama tanto a los caballos es porque, en palabras de él, son los animales más nobles.  (Foto: José Luis Castillo)

¿Alguna vez pensó en bajar los brazos y dejar la música?

Nunca pensé en fracasar, siempre pensé en llegar más alto, lo único que me duele -confiesa con los ojos llorosos- es que mi madre se murió con la ilusión de una casa propia y mi padre con la idea de tener mucho ganado y no se lo pude dar. Ahora cuando veo esta casa y este rancho no aguanto, se me mojan los ojos cuando ando a caballo, recuerdo a mi padre y digo: "Bueno, Dios no le da alas a los alacranes, él ha de saber por qué hace las cosas".

El 19 de abril de 1966 la suerte le cambiaría, un día que para muchos significó luto nacional, para él fue el inicio de un nuevo camino: "Yo ya había perdido la fe en grabar porque todo el mundo me decía que no, porque estaba Javier Solís. Es duro que se tuviera que morir un ídolo para que se me abrieran las puertas, pues dos días después de la muerte de Javier me llegaban telegramas de Musart, de Sony, de todos lados para que grabara con ellos".

Fernández eligió a CBS México (Sony Music) y después de 49 años sigue siendo su compañía disquera, en la que, dice, lo tratan como rey.


En el rancho hay una capilla donde caben 120 personas, ahí han bautizado a varios miembros de la familia Fernández.
 En el rancho hay una capilla donde caben 120 personas, ahí han bautizado a varios miembros de la familia Fernández.  (Foto: José Luis Castillo)

EL AMOR DE UN HIJO

Vicente regresa en varios momentos a decir que su único pesar es no haber compartido la cima de la cumbre con sus padres, quienes murieron cuando él tenía apenas 31 años.

"De mi madre, yo era su adoración. Cuando la diagnosticaron con cáncer, yo daba serenatas, a veces me aventaba 10 en una noche sin micrófono para conseguir dinero. Ella murió un 8 de noviembre", dice con voz entrecortada.

"Después de que muere mi madre, yo estaba en el Teatro Blanquita, cuando me avisa Cuca, mi hermana, que mi papá estaba muy grave, no tenía hígado. Yo tenía 31 años, murió pocos días después, cuando yo estaba en pleno concierto, salí a escena cantando "Los laureles", una canción muy alegre, pero me iban chorreando las lágrimas de los ojos", recuerda.


Vista interior de la capilla.
 Vista interior de la capilla.  (Foto: José Luis Castillo)

EL ÍDOLO DEL ÍDOLO

Cuando era un niño, su padre llevó a Vicente a la plaza de toros El Progreso a ver a Pedro Infante, él siempre quiso saber qué se sentiría tocar al artista.

"Yo tendría siete u ocho años, cuando salió al escenario yo me preguntaba: ‘¿qué se sentirá tocarlo?, ¿qué pasaría si me saludara?, ¿será de verdad?', por eso, ahora que llego al rancho y veo a algunos de mis seguidores afuera pienso lo que yo sentí aquella vez y los dejo que se tomen fotos conmigo y los dejo pasar a que conozcan el rancho", menciona.

Hay quienes han comparado a Fernández con cantantes como Javier Solís, Pedro Infante y Jorge Negrete. Vicente niega ser como ellos o que él sea el más grande. Sin embargo, de todas esas leyendas él es único con vida y cree que no le aguantarían el paso: "Con todo respeto, si vivieran, yo no estoy seguro de que a los 75 años cantaran tres horas y a veces diario".


En el rancho guarda varios reconocimientos que ha obtenido a lo largo de su carrera.
 En el rancho guarda varios reconocimientos que ha obtenido a lo largo de su carrera.  (Foto: José Luis Castillo)

¿Cómo lidiar con la fama?

Es muy fácil, una vez me preguntaron: "¿Nunca se te despegaron los pies de la tierra?" y contesté que es más difícil soportar la fama que vivir en el anonimato. Todo lo malo que puede traer la fama es soportable y superable, pero ser un don nadie, jamás.

¿Las muchachas se ponen medio locas con usted?

A veces se mandan, pero yo me acerco igual con una señora de edad que con un niño o con una niña chiquita que me dan en los brazos, también los hombres me dan abrazos. Las chicas empiezan a bajar con el pretexto de darme una flor y luego hay jovencitas de 17 o 18 años que me dan unos besos, pero yo siempre levanto las manos para que no vayan a pensar que soy un abusivo.

¿Cómo surgió el dicho de no dejar de cantar mientras el público no deje de aplaudir?

Un día se me ocurrió esa babosada (risas), al principio en los palenques se cantaban tres o cuatro canciones, pero el público no iba a las peleas de gallos, iba a ver a su artista y fue en León cuando en la cuarta canción un empresario me dijo que me bajara y le dije al público: "A ver, señores, él es el empresario y me está diciendo que ya me meta, ustedes qué opinan porque yo, mientras ustedes no dejen de aplaudir, no dejo de cantar", y ahí nació. Ahora canto tres horas, a veces más, pero no menos.

El cantante comenta que tres horas no las aguanta cualquiera, pero él, como vive para cantar, en cuanto deja el escenario se retira a su hotel a descansar y si es necesario no sale en varios días para recuperar la voz. Dice que nunca ha dejado plantado al público por una ronquera.


Mientras realizábamos la entrevista, Vicente canto algunas estrofas de `Perdón´.
 Mientras realizábamos la entrevista, Vicente canto algunas estrofas de `Perdón´.  (Foto: José Luis Castillo)

¿Un ídolo puede tener amigos?

Muchos. Como también practico la charrería y mis hijos son charros, tengo muchos amigos charros y conocidos. Por ejemplo, Joan (Sebastian) es mi amigo y mi compañero.

¿Cuál ha sido su mejor concierto?

Todavía no lo canto.

¿Cómo ve la situación política y social en México?

Siento lo mismo que tú y que todo el mundo, pero hay gente pública que no podemos echarnos de capa, esa es la verdad, no es nuestra responsabilidad, es del gobierno.

El cantante vivió en carne propia la inseguridad del país, pues su hijo Vicente fue secuestrado: "Fueron cuatro meses sin saber de él. Yo nunca he odiado tanto como a esas gentes, soñaba con agarrarlos y hacerlos pedazos".

NO LO HURTAN, LO HEREDAN

Vicente, Gerardo y Alejandro son sus tres potrillos. Son su razón para vivir, el motor que lo ha movido todos estos años y a los que ha decidido heredar en vida.

"Los tres son excepcionales, he trabajado toda la vida para ellos, para qué voy a esperar a morirme para darles las cosas, yo ya les di todo en vida, porque después vienen los pleitos cuando mueres intes- tado. Son muy luchones. A Gerardo le regalé 20 hectáreas del rancho y él hizo la arena VFG, donde trae los mejores espectáculos; Vicente tiene cinco restaurantes.


Cuenta con un estudio de grabación en el que produce sus discos.
 Cuenta con un estudio de grabación en el que produce sus discos.  (Foto: José Luis Castillo)

Alejandra es hija de una de las hermanas de Cuquita, pero Fernández Gómez la adoptó como propia, pues desde pequeña vivió con ellos, estudió Diseño gráfico y es considerada por los tres potrillos como su hermana. "Uno no es padre de los hijos que tiene sino de los que cría. Ella es igual que mis hijos", comenta con firmeza.

"Y de Alejandro... qué te puedo decir, él no necesita nada, pero le di lo mismo que a los demás", asegura el orgulloso padre. Según cuenta su papá, el ahora famoso cantante Alejandro Fernández no era fanático del canto ni realmente lo veía como su vocación hasta que Vicente lo escuchó cantar y lo "lanzó como los grandes".

"Él no quería cantar. Cuquita dice que siempre cantó, pero realmente yo no estoy seguro. El chiste es que cuando yo estaba filmando Por tu maldito amor, él me dijo: ‘Papá, Humberto (un amigo suyo) y yo te vamos a cantar una canción'. Y cuando oí que cantaron ‘Perdón', que es una canción muy difícil, me impresionó. En ese momento yo iba a hacer una gira por todo Estados Unidos y me endiosé, le mandé a hacer traje de charro, sombrero, como los que yo uso, y sin disco me lo llevé a una gira y lo lancé en grande, en la marquesina leías Vicente y Alejandro Fernández, y abajo iba Rocío Dúrcal o Lucero con letras más chicas", menciona Chente.


Chente dice que sólo escucha su música, pues le gusta aprenderse muy bien sus canciones.
 Chente dice que sólo escucha su música, pues le gusta aprenderse muy bien sus canciones.  (Foto: José Luis Castillo)

Pero eso sí, El Potrillo no iba a tener ninguna concesión en el escenario de parte de su papá, ahí los dos pelearían por un lugar: "Un día le dije: ‘Hijo, te voy a enseñar todos los secretos del escenario porque quiero que cuando cantemos juntos me partas la madre, porque yo te la voy a partir a ti; en el escenario olvídate de que somos padre e hijo'. Lo aprovechó y no porque sea mi hijo, pero es uno de los artistas que más quiere la gente ahorita".

Para Vicente, Alejandro y sus otros hijos siguen siendo sus pequeños y ellos lo tratan como su querido papito. "Por el trabajo a veces duramos un mes sin vernos o más, de repente llega y me abraza, me dice: ‘Papá, péiname como Elvis Presley, como cuando era pequeño', y ahí voy yo, con la pistola de aire", nos cuenta divertido.

Por último, don Vicente, ¿dónde le gustaría morir?

Me gustaría morir donde Dios quiera recogerme, na' más que me de chance de arrepentirme.

Si bien se esperaba que el último concierto de Don Vicente se llevara a cabo antes o el día de su cumpleaños, será hasta el 16 de abril cuando cierre con broche de oro tantos años de tantos éxitos, tanta música representativa que marcaron la vida no solo de la música ranchera, sino del folclore mexicano.


Esta es una de las cabañas para huespedes que hay en el rancho.
 Esta es una de las cabañas para huespedes que hay en el rancho.  (Foto: José Luis Castillo)

Notas relacionadas:

Newsletter
Ahora ve
No te pierdas