María Elena Maza, una guerrera contra el cáncer de mama

Decidió unirse al voluntariado de la American Cancer Society después de que su madre y hermana fueran víctimas de dicha enfermedad.
Decidió unirse al voluntariado de la American Cancer Society después de que su madre y hermana fueran víctimas de dicha enfermedad.
 Decidió unirse al voluntariado de la American Cancer Society después de que su madre y hermana fueran víctimas de dicha enfermedad.  (Foto: Cortesía Fundación Cim*ab)
Cuando vivía en Nueva York le avisaron que su hermana tenía cáncer de seno .
 Cuando vivía en Nueva York le avisaron que su hermana tenía cáncer de seno .  (Foto: Tomada por Martín Gavica, cortesía de Fundación Cim*ab)

Reto personal

Actualmente María Elena es la representante en México del departamento de Asuntos Internacionales de la American Cancer Society, pero la historia del por qué está allí comienza en 1996, cuando sufrió la pérdida de su madre por culpa del cáncer de seno. Y la historia se repetiría tres años más tarde, pero ahora con su hermana Márgara...

Sergio (mi esposo) y yo teníamos unos meses de vivir en Nueva York cuando supimos la noticia, a mi hermana le había regresado la enfermedad.

Mi madre murió de cáncer de mama, así que el diagnóstico no era ajeno a nosotros, lo que sí era distinto era el hecho de estar lejos. Cuando uno se va a vivir fuera, de alguna manera descarta la posibilidad de que algo pase con sus seres queridos, pero rápido la vida se encarga de recordarnos lo frágiles que somos.

Durante meses viajé de Nueva York a México para pasar temporadas con Márgara y acompañarla en la medida de lo posible, el apoyo que encontré en Sergio para lograrlo fue invaluable. Cada vez que regresaba a casa tenía un enorme sentimiento de impotencia, ¿qué hacía a kilómetros de distancia cuando mi hermana me necesitaba?

Un día caminando por la calle me topé con las oficinas de la American Cancer Society, sin pensarlo entré, pedí informes sobre su voluntariado y comencé un proceso de entrevistas, cuestionarios y evaluaciones. Cuando me detuve a pensar, ya era parte de una gran organización que trabaja todos los días por acabar con las muertes por cáncer y mejorar la calidad de vida de las personas que lo padecen.

Manos a la obra, corazón alerta

Trabajé como voluntaria en la oficina de ACS en Nueva York durante casi tres años y además de conocer gente maravillosa, aprendí una infinidad de programas y procesos que sabía que al volver a México ayudarían a fortalecer a las instituciones que trabajan también por la causa.

Regresé en diciembre de 2002 con muchas ganas de seguir colaborando con la causa y con todo el respaldo de ACS para trabajar con ONGs locales y el Sistema Nacional de Salud.

Pero antes de volver a mi país conocí la Fundación Cim*ab, donde encontré a un grupo de mujeres trabajando con mucho entusiasmo y dedicación contra el cáncer de mama. En los últimos 10 años he visto cómo la institución ha crecido y se ha arriesgado a llegar hasta donde pocos han ido, siempre anteponiendo los intereses y la calidad de vida de las mujeres que viven en nuestro país.

Hemos visto muchísimos avances en conocimiento, conciencia, estilos de vida, cobertura y acceso, pero hay un largo camino por andar; mientras no podamos hablar de cáncer de mama en pasado, aquí seguiremos trabajando...

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