Cristina García de Poo ha escrito la mejor historia de su vida

Cuando tenía 39 años a la novelista y ahora integrante de la Fundación Cim*ab le detectaron cáncer de mama, nos comparte su historia y cómo superó esta enfermedad.
Cuando tenía 39 años a la novelista y ahora integrante de la Fundación Cim*ab le detectaron cáncer de mama, nos comparte su historia y cómo superó esta enfermedad.
 Cuando tenía 39 años a la novelista y ahora integrante de la Fundación Cim*ab le detectaron cáncer de mama, nos comparte su historia y cómo superó esta enfermedad.  (Foto: Getty Images.)
Tomó su enfermedad como un reto de aprendizaje y nunca se dio por vencida.
 Tomó su enfermedad como un reto de aprendizaje y nunca se dio por vencida.  (Foto: Cortesía de Fundación Cimab)

Capítulo I: Rumbo a la guerra.

Un año antes de que me descubrieran cáncer de mama había hecho una investigación en el Instituto de Cancerología de Tlalpan para mi trabajo; junto con Martha Carrillo escribí el libreto de `Tres mujeres´ y se nos ocurrió que la protagonista joven padeciera dicho cáncer, con la intención de enviar el mensaje que aún las peores cosas tienen su lado positivo.

Al terminar la telenovela fui a ver a mi ginecólogo, como lo hago cada año, y me descubrió una pequeña bolita en el pezón derecho, me mandó a hacer una mastografía y un ultrasonido de mama. El resultado diagnosticó un fibroma sin importancia, se recomendaba repetir el estudio un año después.

Pasó el tiempo indicado, me encontraba de viaje con mi marido y mis hijas, para los últimos días la bolita había crecido y cada vez que hacía un esfuerzo con el brazo derecho se me saltaba otra en la axila.

Al llegar a México hice una cita con el ginecólogo, quien me repitió los estudios. Mientras íbamos en el coche le dije a Toño (mi esposo), que si tenía cáncer quería que me operara el doctor Allan Legaspi, un amigo que es oncólogo, él me contestó que no me predispusiera, pero yo presentía que estaba enferma.


A pesar de que le mutilaron uno de sus senos, está bien y con ganas de vivir.
 A pesar de que le mutilaron uno de sus senos, está bien y con ganas de vivir.  (Foto: Cortesía Fundación Cimab)

Capítulo II: En el campo de concentración.

Al llegar al hospital recibí mi primera sorpresa... Me encontré a Allan en rayos X y le pedí que revisara mis estudios, cuando vi su cara confirmé mi presentimiento, no necesitó decirme que tenía cáncer. Su propuesta fue realizarme una mastectomía radical.

La investigación que había hecho para `Tres mujeres´ me hizo tomar conciencia de que el cáncer de mama detectado a tiempo es curable. Sentí que estaba prisionera en un campo de concentración y que tenía que luchar para sobrevivir hasta que acabara la maldita guerra.

Venía la parte más difícil... El cáncer es una enfermedad que no sólo afecta al paciente, sino a toda la familia y amigos cercanos.

Al terminar la operación el diagnóstico fue cáncer de mama tipo III, muy agresivo, pero estaba lista para asumir el reto, me había propuesto no ser una víctima fácil para esta enfermedad.

Como ángel de la guarda llegó mi amiga Betty Carrega, quien acababa de terminar un tratamiento en Dallas con el doctor George Bluminchain (inventor del FAC, la quimioterapia que más se usa en el mundo). Este esquema me garantizaba un 91% de no reincidencia y podía hacérmelo en México con su supervisión.

Capítulo III: Crepúsculo.

Estuve muy bien atendida por mi oncólogo Miguel Lázaro León del Hospital Inglés. El último día de la quimioterapia lloré hasta que me cansé, la guerra había terminado y era una sobreviviente.

El proceso de mi cáncer estuvo lleno de pérdidas físicas y emocionales como las tienen todos los que sufren esta enfermedad: la mutilación del seno, la caída del pelo, la debilidad de un cuerpo enfermo, la aparición del fantasma de la muerte y el sentir que mi vida no volvería a ser la de antes...

Una de las experiencias más hermosas que me dejó el cáncer de mama fue la demostración de afecto, me reuní con gente que tenía más de 20 años que no veía, descubrí amigas que no sabía que tenía y sentí más que nunca el calor de toda mi familia.

Hubo momentos muy difíciles en los que la depresión se apoderaba de mí, pero no podía fallar a mi juramento, no me iba a dejar vencer. Intenté hacer mi vida normal, quise que mis hijas se dieran cuenta que el mundo es de los fuertes y que este cáncer no era un castigo, sino un proceso de aprendizaje.

Hoy sé que el cáncer no mutiló ni mi alma, ni mis sentimientos. Hoy estoy aquí con agradecimiento para todos los que contribuyeron a que la esperanza de vivir y de curarme nunca muriera, estoy viva...

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