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Nuestras Historias

Pácido Domingo mexicano de corazón

Sus dos esposas han sido mexicanas, adora Acapulco y comer pollo con mole. A unos días de su show en Chichén Itzá, el tenor nos platicó de dónde le viene el amor por nuestro país.
miércoles 17 septiembre 2008
Sus dos esposas han sido mexicanas, adora Acapulco y comer pollo con mole. A unos días de su show en Chichén Itzá, el tenor nos platicó de dónde le viene el amor por nuestro país.
Plácido Domingo Sus dos esposas han sido mexicanas, adora Acapulco y comer pollo con mole. A unos días de su show en Chichén Itzá, el tenor nos platicó de dónde le viene el amor por nuestro país. (Foto: David Chavolla)

Que Plácido Domingo es mexicano, es lo que mucha gente piensa; pero en realidad el tenor de 67 años es español nacido en Madrid. Lo que lo ha llevado a que se le vincule tan hondamente en México es que desde que tenía ocho años, sus padres Plácido Domingo y Pepita Embil –conocidos como los cantantes de Zarzuela- lo trajeron al país. Desde entonces se familiarizó con nuestra música y cultura, incluso es conocido como El granado porque desde pequeño aprendió la canción “Granada” de Agustín Lara. Estudió en el df piano y dirección orquestal en la Escuela Nacional de Artes y en el Conservatorio Nacional de Música. Ahí conoció a la pianista mexicana Ana María Guerra, con quien se casó en 1957 –él tenía sólo 16 años– y tuvieron a José Domingo Guerra, su primogénito; pero el matrimonio no duró y cinco años más tarde conoció también en el Conservatorio a Martha Ornelas, la soprano veracruzana que le robó el corazón y con la que hasta la fecha sigue casado. Llevan 46 años juntos y tienen dos hijos: Plácido y Álvaro, este último su mánager.


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En ese tiempo, por ahí del 1958, Plácido también llegó a ser arreglista y se encargó de los coros para Enrique Guzmán y César Costa en su banda de rock Los Black Jeans. Debutó como barítono en 1959 en el teatro Degollado de Guadalajara; y en ese mismo año lo hizo como tenor en Monterrey interpretando a Alfredo, en La Traviata. Aquí en México empezó su éxito, su fama y reconocimiento. Cuando aún no era la figura de talla internacional que ahora es, Jacobo Zabludovsky lo recibió en 24 horas, donde comenzó la amistad que hasta la fecha los une, al igual que a Miguel Alemán Velasco, los tres, amantes de Acapulco. “Es uno de los lugares más divinos del mundo”, es lo que nos dice del puerto, al que se va a refugiar con su familia cada vez que puede. Aunque vive entre Los Ángeles y Nueva York, en Acapulco tiene dos propiedades. Ahí disfruta jugar paddle tenis, uno de sus deportes favoritos al igual que el béisbol y la Fórmula Uno. Plácido y su esposa Martha dejaron México cuando éste tenía 21 años pues los esperaba la ópera de Tel Aviv en Israel; pero ya las raíces habían quedado profundamente marcadas en el español. Tanto que cuando ocurrió el temblor del 85 en México, perdió a varios familiares por lo que intervino en las labores del rescate y hasta dio conciertos benéficos para las víctimas. Por si fuera poco, dos de sus hijos están casados con mexicanas. Ahora ya tiene ocho nietos y viene el noveno en camino. Pero no es esto lo único que lo une a nuestro país. Nos dice que por mucho la comida mexicana es su favorita en todo el mundo y, en especial, que le encanta el pollo con mole. También nos cuenta que su debilidad son las telenovelas mexicanas y que es admirador del cine mexicano de la época de oro. Es por eso que Plácido está tan emocionado de presentarse este 4 de octubre en Chichén Itzá, una de las nuevas maravillas del mundo. La pirámide de Kukulkán será el escenario donde interpretará temas de Armando Manzanero entre otros grandes éxitos mundiales.

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