Guía de supervivencia para una semana en la que todo te está saliendo mal
Una guía para esas semanas en las que todo parece salir mal aqui te va mi guia para no tomar decisiones eternas desde el cansancio, bajar el estándar sin culpa y llegar al viernes con algo de paz.
No necesitas reinventarte, solo llegar al viernes con algo de paz.(Shutterstock)
Nicole Deceliere
Hay semanas que no empiezan mal, pero se declaran en tu contra. No es un día raro, no estás sensible, ni siquiera es Mercurio retrógrado (aunque siempre se antoja culparlo). Es una cadena de cosas ridículas que parece conspirar en tu contra. Se te hace tarde, olvidas algo en casa, te cancelan un plan, alguien te contesta seco, tu pelo se ve fatal justo el día que más lo necesitabas, y para acabar, el refri solo tiene medio limón.
Y lo peor no es que todo salga mal, es que empiezas a sentir que tú también estas mal, como si fuera una manera probar que no avanzas o que todos tienen su vida resuelta menos tú. Por eso, aquí va una guía para esos días en los que no necesitas reinventarte ni convertirte en tu mejor versión, solo llegar al viernes con algo de paz.
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1. No intentes arreglar tu vida entera un martes
Ese día tiene una energía rara. Ya no es lunes, pero el viernes todavía sigue lejos, y es el momento perfecto para convencerte de que todo anda mal, tu closet, tu alimentación, tu futuro, hasta tu forma de caminar.
No le hagas caso, una racha pesada no es momento para decisiones enormes. No renuncies mentalmente a tu trabajo, tampoco borres tus fotos, ni decidas mudarte de ciudad o cambiar de personalidad.
Cuando tu mente está saturadoa todo se siente urgente, pero casi nada lo es. Hay días en los que lo único correcto es comer algo decente, lavarte la cara y no mandar ese mensaje de cuatro párrafos que escribiste desde el enojo. Tu vida no necesita resolverse hoy, solamente necesitas sobrevivir.
2. Baja el estándar, no la autoestima
Hay días en los que ser funcional ya cuenta como un lujo. Tender la cama puede ser un acto heroico. Contestar un mail puede sentirse como escalar el everest con botas incómodas. Hacerte de comer merece un aplauso. Y sí, bañarte, ponerte crema y salir con lentes oscuros también es una forma de resistencia.
El problema es que nos da culpa bajar el estándar, como si descansar o hacer lo mínimo fuera un fracaso. Pero no todo momento de tu vida tiene que tener una estética de domingo perfecto con una vela prendida y matcha.
A veces el reset se ve como recoger la ropa del piso mientras escuchas una canción triste y finges que estás en una película. Bajar el estándar no significa dejarte caer, significa ser lo bastante listo para no exigirte como si estuvieras en tu mejor momento cuando claramente estas en modo avión.
Un buen habito puede cambiar tu humor en cuestión de segundos(Photoboyko/Getty Images/iStockphoto)
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3. No romantices el caos, pero ponle un soundtrack
Hay una diferencia entre decir que tu vida es un desastre y decir que tu vida es un desastre, pero con un buen soundtrack. No se trata de fingir que todo está increíble, sino de encontrar un pequeño detalle que haga la caída menos dramática. Una playlist, un café helado, una caminata de diez minutos, un lipstick aunque nadie te vaya a ver, o una serie que te dé paz.
A veces no puedes cambiar la semana, pero sí puedes cambiar la escena. Puedes llorar en pijama o puedes llorar en pijama con una vela prendida. Puedes estar en crisis, pero eso no quiere decir que tenga que verse fea también. No es superficial, simplemente es supervivencia emocional con un poco de estilo.
4. No confundas una mala racha con una mala vida
Cuando pasas por una semana fea parece que tiene un talento especial para también buscar editar tu historia completa. Se te olvida todo lo que sí has logrado, todo lo que sí has sobrevivido, todas las veces que pensaste en que no ibas a poder y al final sí pudiste, aunque haya sido con cara de pocos amigos y café en mano.
Tu cerebro cansado nunca será un buen narrador, te cuenta siempre la versión más fatalista. Por eso, cuando todo se sienta horrible, evita sacar conclusiones importantes sobre tu vida. Mejor haz una lista básica, analiza qué pasó, qué necesito, qué puedo resolver hoy y qué puedo dejar para cuando me sienta mejor.
5. Elige una sola cosa que te regrese a ti
Cuando todo sale mal, da ganas de compensar con un plan extremo. Levantarte a las cinco de la mañana, hacer ejercicio, meditar, ordenar tu cuarto, leer treinta páginas, borrar contactos tóxicos y preparar overnight oats, todo el mismo día. Mejor elige una sola cosa que te haga sentir más en tu cuerpo y menos flotando en el desastre.
Caminar sin celular, prepararte algo rico, escribir tres líneas en tu diario, llamar a alguien que te escuche. Esa única cosa puede ser suficiente para recordarte que sigues aquí, que eres más que el caos, más que el pendiente, más que la mala noticia. Eres la persona que sigue intentando, y eso ya dice mucho de ti.
El habito de escribir vacía tu mente (luza studios/Getty Images)
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6. Cuida a quién le cuentas tu crisis
No todo tu grupo social sabe sostenerte cuando estás mal, no necesariamente porque sean malas personas, sino porque escuchan desde el juicio, la prisa o el yo te dije. Necesitas a alguien que te diga, esto está horrible, pero no estás loca.
No busques a quien te dé soluciones de Excel cuando andas en modo derrumbe emocional. No todo el mundo merece acceso a tu versión vulnerable. Hay amigos para el chisme completo, gente para mandarle solo el meme y personas a la que simplemente le dices que todo está bien porque explicarle sería mucho peor que vivirlo. Cuidar tu energía también es elegir bien al público que te escucha.
7. Date permiso de estar de malas sin volverte villana
Hay días en los que no tienes que ser encantadora. Contestas raro, caminas rápido, suspiras mucho. Está bien, no eres mala persona por tener un mal día. Pero tampoco uses el caos como un pase libre para destruir a quien se te cruce.
Puedes estar triste sin desaparecerte de todos, enojada sin aventar veneno. La madurez no es estar bien siempre, es saber avisar antes de convertirte en la versión más filosa de ti misma. Y si ya fuiste un poco insoportable, también se vale reparar con un, perdón, traía una semana horrible. Ésto, salva más de lo que crees.
8. Bájale al ruido
Hay semanas en las que el problema no es que tu vida esté explotando, sino que todo está demasiado ruidoso. Hay demasiadas notificaciones, múltiples comparaciones, y muchas historias de gente aparentemente en paz, guapísima y con una vida que huele a un hotel boutique.
Cierra un rato tus redes, no porque sean el demonio, sino porque cuando una persona está vulnerable cualquier cosa se vuelve una evidencia en su contra. No compares tu semana de crisis con la vida editada de los demás.
Una caminata de 30 minutos sin teléfono(WDnet/Getty Images/iStockphoto)
9. Encuéntrale el chiste, aunque sea mínimo
El humor no arregla nada, pero le baja el volumen al desastre. Hay algo sanador en poder decir, esto ya parece escrito por alguien que me odia. O poder decir que ya entendiste el plot twist, pero bájale. Reírte no significa que no te importe, significa que sigue habiendo una parte de ti que no se deja acabar por completo. El meme que le mandas a tu amiga, el audio de siete minutos donde juras que no estás exagerando (y claramente sí, pero con talento), todo eso también es una cuerda a la que te conviene agarrarte.
10. No tienes que salir transformada de esto
La obsesión por convertir cualquier semana incómoda en un aprendizaje es completamente agotador. A veces algo malo pasa y ya, no tiene por que volverte más sabia ni necesitas decir que todo pasa por algo, cuando en realidad piensas, qué flojera que haya pasado.
Hay cosas que entenderás después y otras que solo serán anécdotas raras que contarás con más distancia y con un mejor outfit. No necesitas convertir tu mala racha en una lección espiritual de alto rendimiento, simplemente puedes atravesarla. A veces sobrevivir ya es suficiente narrativa.
Una pausa a tu rutina es muy importante(Shutterstock)
Entonces, ¿qué haces cuando todo te está saliendo mal?
Lo básico. Comes, tomas agua, duermes. Contestas lo urgente, no lo infinito. Lloras tantito si hace falta, te ríes cuando puedas. No te crees todo lo que piensas ni tomas decisiones eternas desde una emoción temporal. Te tratas como tratarías a tu mejor amiga si te dijera que no puede más. Como alguien cansada, sí, pero también intentando, no como un proyecto atrasado que necesita arreglarse para poder merecer descanso.
Las semanas malas siempre tienen un final, aunque por dentro parezcan una temporada completa. Un día vas a despertar y algo va a pesar menos. Vas a contestar mensajes con ganas otra vez, vas a arreglarte porque se te antoja y no para sobrevivir, vas a reírte sin culpa. Mientras tanto, haz lo que puedas. No tienes que brillar hoy, con que no te apagues del todo ya estás ganando.