OPINIÓN: ¿Por qué duele tanto la muerte de Joan Rivers?

El día de hoy se anunció el fallecimiento de una de las grandes comediantes de nuestros tiempos y para los amantes de la moda y los espectáculos la noticia cae como un balde de agua helada.
El día de hoy se anunció el fallecimiento de una de las grandes comediantes de nuestros tiempos y para los amantes de la moda y los espectáculos la noticia cae como un balde de agua helada.
 El día de hoy se anunció el fallecimiento de una de las grandes comediantes de nuestros tiempos y para los amantes de la moda y los espectáculos la noticia cae como un balde de agua helada.  (Foto: Getty Images)

Nota del editor: Iván Pasillas es el editor de front y video de la revista Quién, experto Hollywoodólogo, cinéfilo de corazón y tv junkie por obsesión. Egresado de Comunicación por la Ibero, dedicado al periodismo de espectáculos desde hace cinco años.

La cosa con el anuncio de la muerte de Joan Rivers es que no sabes si recibirla con lágrimas o con risas. Se nos va una de las grandes y eso pesa, pero los que seguimos la carrera de este mujerón sabemos perfecto que a ella le hubiera gustado que la despidiéramos con bromas y sonrisas. Bueno, de hecho fue ella misma la que expresó: "I've had so much plastic surgery that when I die they'll donate my body to Tupperware" y que quería que Meryl Streep le llorara en cinco diferentes acentos durante su funeral.

Técnicamente no podemos decir que nos cae de sorpresa. Llevábamos una semana esperando a que saliera de estado crítico, luego de caer en coma tras una cirugía. Nos pudimos haber hecho a la idea. ¿Pero cómo haces eso? ¿Cómo te convences de que es posible que uno de los grandes personajes de la cultura pop nos deje? Tenía 81 años, pero en ella se sentían como 30. Joan no paraba, se subía a la tirolesa con su nieto, grababa un reality show, 'Fashion Police', 71 webisodios de 'In Bed With Joan', no soltaba su Twitter. Todavía hace días tuvo la oportunidad de hacer lo suyo criticando la moda del Emmy. Y se veía perfecta. Se veía de 30 (casi).

Alguna vez fue la misma Joan la que dijo que la razón de su éxito se debía a que ella ponía en palabras lo que el 90% de la gente estaba pensando. Y es ahí donde más duele su muerte. Si volteamos a nuestro alrededor, a los comediantes que tenemos enfrente, ya no existe nadie como ella. Su humor no era otra cosa más que honestidad llevada al extremo. Se le tachó de grosera, de mal educada y de impertinente, y sin embargo ella nunca se hizo para atrás. Se negaba a convertirse en una más del montón.

En el documental 'A Piece of Work', Joan Rivers acepta que ella se metió muchas veces el pie sola. Se peleó con quien no tenía que pelearse, se burló de quien no tenía que burlarse, no siempre fue la mejor madre, esposa o compañera de trabajo. Pero ahí reside también lo que la hacía única. Después de pasar por tanto, de caer al suelo y volver a levantarse, durante todo ese proceso, Joan no perdió el humor. Aprendió a reirse de todo y más que nada, a reírse de ella misma. En la película también confiesa lo mucho que le dolió que la gente se burlara de su físico y encontró la cura en ser ella la primera en hacer cientos y cientos de bromas sobre sus cirugías plásticas y su edad.

Por eso se podía reír de quién ella quisiera. Porque ella misma siempre fue su primera víctima. No por nada celebridades como Rihanna, como Khloe Kardashian, hasta Demi Lovato a quienes continuamente despedazaba en su programa fueron las primeras en lamentar su partida en sus redes sociales. Demi incluso aceptó que "fue un honor" que se burlara de su escote. La gente la quería, Hollywood la quería a pesar de que ella era la mala del cuento. ¿Qué otra villana ha podido convertirse en heroína de esa misma manera?

Chelsea Handler tuvo que dejar de burlarse de las celebridades cuando se empezó a volver popular entre ellas, Jimmy Kimmel, Jimmy Fallon, Conan O'Brien no se ríen de las estrellas, se ríen con ellas, y las mismas Kelly Osbourne y Giuliana Rancic mantienen un cierto nivel de decoro cuando de criticar famosos se trata. Joan podía darse el lujo. Nos deja una persona que le podía decir "tramp" a RiRi en su cara y aún así sacarle una sonrisa. Y para los que la veíamos, qué delicia. Una capacidad de improvisación, un comedy timing tan perfecto, que sólo años de práctica y una larga trayectoria en stand up le podían haber dado.

Me quedo con mucho de Joan. Cada que alguien aparece vestido remotamente parecido a mí, pienso "Bitch stole my look!"; y si veo unos pantalones entubados y floreados para hombre, me pregunto "Gotta have it or make it stop?", y ante todo sé por ella que el estilo es como el herpes, "either you have it or you don't". Hoy soy un Joan Ranger que se viste de luto, pero que lo hace sonriendo como a la más grande le hubiera gustado, recordando sus mejores momentos y sus citas más inolvidables. Hoy los Joan Rangers festejamos que a los 81 años y después de haber pasado por tantos momentos oscuros, Joan se fue en la cima, en la gloria y menos biodegradable que nunca.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Iván Pasillas (@Iv_Moony).

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