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Ofelia Loret de Mola Bailando en Nueva York

La hermana de Carlos hace cinco años formó su propia compañía de danza en La Gran Manzana y, desde entonces, vive entregada a su pasión.
La hermana de Carlos hace cinco años formó su propia compañía de danza en La Gran Manzana y, desde entonces, vive entregada a su pasión.
Ofelia Loret de Mola La hermana de Carlos hace cinco años formó su propia compañía de danza en La Gran Manzana y, desde entonces, vive entregada a su pasión. (Foto: Archivo Quién)

Ofelia proviene de una dinastía de hombres altamente destacados. Su abuelo, Carlos Loret de Mola Mediz, fue periodista a lo largo de toda su vida. También era miembro del pri, partido que lo acompañó en sus cargos como diputado (1961-1963), senador (1964-1970) y gobernador (1970-1976) de Yucatán, estado que lo vio nacer el 30 de julio de 1921. Carlos se casó con Berta Vadillo Martínez, con la que procreó a varios hijos, entre ellos Rafael, quien continuó con la tradición periodística de su padre y, a la fecha, entre su repertorio literario ha publicado libros sobre temas políticos como: Secretos de Estado y Manos sucias. En 1975, a los 23 años, Rafael contrajo nupcias con Ofelia Álvarez y tuvieron dos hijos: Carlos (1976) y Ofelia (1979). En 1981 los Loret de Mola Álvarez dejaron su natal Mérida y se fueron a vivir a Guanajuato. A Rafael le ofrecieron trabajo como director de El diario de Irapuato. Ahí, a los cuatro años Ofelia empezó a estudiar ballet y flamenco. “Como mi maestra Susana Cuén me dejaba improvisar en el escenario y hacer papeles principales en los festivales de ballet, me enamoré de la danza”, comenta Ofelia durante la entrevista en su departamento ubicado al norte de Nueva York.

Ofelia y Carlos en México en 2006.
Ofelia y Carlos en México en 2006.

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Desde luego que la pequeña Ofelia también asistía a la escuela. Al Kínder Motolinía y más tarde al Colegio Atenas para cursar primero y segundo de primaria. La familia volvió a Yucatán en 1988. Ofelia tenía nueve años. De tercero de primaria hasta tercero de secundaria estudió en el Colegio Mérida. Por las tardes, la joven promesa de la danza asistía a la Royal Academy de Mérida, donde la maestra Bertha de la Peña se dio cuenta de su talento y la puso en clases con alumnas mayores y más avanzadas, y la mandó a tomar talleres con el Ballet de Cuba.

Ofelia ganó varios concursos de declamación, “pero lo que verdaderamente siempre me apasionó fue la danza”, afirma. Cuando su hermano Carlos estudiaba en el cum (Centro Universitario Montejo) se montó el musical El diluvio que viene en el que él hizo el papel principal, mientras que Ofelia fue invitada a diseñar la coreografía de la obra. No le dio ninguna vergüenza darle órdenes a muchachos mayores que ella. Al revés. Sentía que sabía lo que hacía. Como es chaparrita, se subía en una silla para que todos la vieran y gritaba indicaciones, corregía y aplaudía. Al año siguiente, la menor de los Loret de Mola Álvarez entró a la prepa en el cum y se montó el musical Mame. Una vez más Ofelia fue la encargada de la coreografía y actuó el papel principal. Por esa época, además de sus clases de ballet con la maestra Peña, la joven bailarina se metió a estudiar danza en el Conservatorio de Bellas Artes de Mérida. Por su parte, en el ámbito académico era buenísima en matemáticas. Química la ponía nerviosa, pero en general tenía muy buenas calificaciones. “No como mi hermano Carlos que se sacaba 10 en todo siempre y sin hacer esfuerzo”. Durante su niñez y adolescencia Ofelia fue muy cercana a su papá. Él la llevaba al ballet, a conciertos y a la ópera en el Palacio de Bellas Artes, en el df, y al Teatro Peón Contreras, en Mérida. Los Loret de Mola también tenían una gran afición por la fiesta taurina, al grado que Ofelia y su padre se fueron a Madrid un mes completo para ir diario a la Plaza de Toros de Las Ventas.

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LLEGA EL TIEMPO DE EMIGRAR A los 16 años de edad, Ofelia se fue a estudiar al School of the Arts, en Rochester, Nueva York. Su programa escolar era ideal: ballet, danza moderna, danza jazz, tap, teatro musical, voz, piano, actuación, ritmos caribeños y brasileños. Y, por si no fuera suficiente, por las tardes continuaba su capacitación en el Rochester City Ballet. Al pasar un año, Mary Lee Miller, la maestra de danza contemporánea de Ofelia, le insistió que se quedara a terminar la preparatoria en Rochester. En esa época sus padres se estaban divorciando, así que Ofelia tenía menos razones para regresar a México.

Ofelia proviene de una dinastía de hombres altamente destacados. Su abuelo, Carlos Loret de Mola Mediz, fue periodista a lo largo de toda su vida. También era miembro del pri, partido que lo acompañó en sus cargos como diputado (1961-1963), senador (1964-1970) y gobernador (1970-1976) de Yucatán, estado que lo vio nacer el 30 de julio de 1921.

Carlos se casó con Berta Vadillo Martínez, con la que procreó a varios hijos, entre ellos Rafael, quien continuó con la tradición periodística de su padre y, a la fecha, entre su repertorio literario ha publicado libros sobre temas políticos como: Secretos de Estado y Manos sucias. En 1975, a los 23 años, Rafael contrajo nupcias con Ofelia Álvarez y tuvieron dos hijos: Carlos (1976) y Ofelia (1979).

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Ofelia quería mucho a su abuelo Carlos. Ella y su hermano Carlos son los nietos más grandes.
Ofelia quería mucho a su abuelo Carlos. Ella y su hermano Carlos son los nietos más grandes.


En 1981 los Loret de Mola Álvarez dejaron su natal Mérida y se fueron a vivir a Guanajuato. A Rafael le ofrecieron trabajo como director de El diario de Irapuato. Ahí, a los cuatro años Ofelia empezó a estudiar ballet y flamenco. “Como mi maestra Susana Cuén me dejaba improvisar en el escenario y hacer papeles principales en los festivales de ballet, me enamoré de la danza”, comenta Ofelia durante la entrevista en su departamento ubicado al norte de Nueva York. Desde luego que la pequeña Ofelia también asistía a la escuela. Al Kínder Motolinía y más tarde al Colegio Atenas para cursar primero y segundo de primaria. La familia volvió a Yucatán en 1988. Ofelia tenía nueve años. De tercero de primaria hasta tercero de secundaria estudió en el Colegio Mérida. Por las tardes, la joven promesa de la danza asistía a la Royal Academy de Mérida, donde la maestra Bertha de la Peña se dio cuenta de su talento y la puso en clases con alumnas mayores y más avanzadas, y la mandó a tomar talleres con el Ballet de Cuba. Ofelia ganó varios concursos de declamación, “pero lo que verdaderamente siempre me apasionó fue la danza”, afirma. Cuando su hermano Carlos estudiaba en el cum (Centro Universitario Montejo) se montó el musical El diluvio que viene en el que él hizo el papel principal, mientras que Ofelia fue invitada a diseñar la coreografía de la obra. No le dio ninguna vergüenza darle órdenes a muchachos mayores que ella. Al revés. Sentía que sabía lo que hacía. Como es chaparrita, se subía en una silla para que todos la vieran y gritaba indicaciones, corregía y aplaudía. Al año siguiente, la menor de los Loret de Mola Álvarez entró a la prepa en el cum y se montó el musical Mame. Una vez más Ofelia fue la encargada de la coreografía y actuó el papel principal. Por esa época, además de sus clases de ballet con la maestra Peña, la joven bailarina se metió a estudiar danza en el Conservatorio de Bellas Artes de Mérida. Por su parte, en el ámbito académico era buenísima en matemáticas. Química la ponía nerviosa, pero en general tenía muy buenas calificaciones. “No como mi hermano Carlos que se sacaba 10 en todo siempre y sin hacer esfuerzo”. Durante su niñez y adolescencia Ofelia fue muy cercana a su papá. Él la llevaba al ballet, a conciertos y a la ópera en el Palacio de Bellas Artes, en el df, y al Teatro Peón Contreras, en Mérida. Los Loret de Mola también tenían una gran afición por la fiesta taurina, al grado que Ofelia y su padre se fueron a Madrid un mes completo para ir diario a la Plaza de Toros de Las Ventas. LA CLAVE: LA DISCIPLINA De lunes a jueves Ofelia se levanta a las 6:30 de la mañana. Sale de su departamento ubicado cerca de la Universidad de Columbia y viaja en bicicleta por Central Park hasta Ballet Academy East. Desayuna una barra de cereal en el elevador y a las 8:00 comienza a dar clases de ballet y pilates. Corta para tomar el lunch a mediodía, –generalmente come sushi–, y continúa dando clases. Ocho horas diarias. Doscientos cincuenta alumnos. Regresa a casa, se hace una ensalada y termina su día de trabajo. El resto de la semana, de jueves a domingo, es coreógrafa. Ofelia administra su compañía, la promociona, crea obras, escribe ideas, da ensayos y funciones... Le encanta hacer lo que hace. Esta artista de tiempo completo. Tiene como amigos a los diez bailarines de Danscores así como a los múltiples escenógrafos, músicos y actores con los que colabora. Los fines de semana va con ellos a ver más danza. Al cine Angelika. A cenar en Spice Market o en Republic, el cual le encanta porque es tailandés. También va a patinar en Central Park o a jugar boliche en Union Square Bowling. Por supuesto a Loret de Mola le encanta la música. Todos los estilos: clásica, jazz, cumbia, rock, pero prefiere escucharlas en vivo. No tiene ipod. Es amante del silencio y del sonido de su respiración. Tampoco tiene TV, porque no le gusta. Así que nunca ve el noticiero de su hermano, pero eso sí, no se pierde una buena platicada con él vía telefónica al menos una vez a la semana.

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Ofelia Álvarez y Rafael Loret de Mola con sus dos hijos, Carlos y Ofelia, quienes se llevan apenas tres años.
Ofelia Álvarez y Rafael Loret de Mola con sus dos hijos, Carlos y Ofelia, quienes se llevan apenas tres años.


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NO OLVIDA SUS RAÍCES A pesar que la vida siempre le ha sonreído en territorio norteamericano, Ofelia siente una profunda nostalgia por México. Extraña sentir que pertenece a su país. Anhela regresar a Mérida, a la casa donde la familia siempre vivió, ubicada atrás del Paseo de Montejo, cerca de la catedral. Para ella ese reencuentro significa ver a la familia, reconocer olores, ir al mercado, comprar tortillas recién hechas, comer cochinita pibíl y puchero yucateco, reconocer la simpleza y la tranquilidad de su terruño blanco, escuchar y recuperar el acento yucateco. Ofelia cuenta con lágrimas: “Lo que más me gusta es cuando toda la familia materna (son dieciséis) se junta en Cancún una vez al año y hacemos “loch”, que en maya quiere decir darse mucho amor, estar muy juntitos”. En Navidad, la ya consagrada bailarina va siempre de visita a la ciudad de México y se queda en casa de su hermano Carlos. Le encanta pasar tiempo con él, con su cuñada Berenice Yáber Coronado y sus sobrinos Mikel y Katia. A su mamá, Ofelia la visita en Chelém (un pueblito pesquero en Yucatán) en donde ahora la señora Ofelia vive con su pareja Carlos Reyes, ingeniero agrónomo y maestro, hoy retirado, al que Ofelia le dice papastro, porque lo quiere mucho. Por su parte, a su papá Rafael Loret de Mola, Ofelia lo ha visitado pocas veces en Madrid, donde éste vive con su segunda esposa y el hijo que tuvo con ella. Padre e hija se mandan e-mails. Ofelia define su relación como agridulce. Se tienen admiración mutua. “De él aprendí a ser disciplinada, perfeccionista, responsable y luchona”. A sus 29 años Ofelia Loret de Mola se ha propuesto dos metas en el corto plazo: la primera, continuar como coreógrafa, bailarina y maestra. La segunda, llevar al Festival de la Ciudad de Mérida –que se realizará el 7 y 8 de enero en el Teatro Peón Contreras– a cinco jóvenes coreógrafos de distintos países con trayectoria internacional. Además tienen planeado presentarse con Danscores en el df en octubre de 2009. Y por qué no, llegar hasta China con su talento y el de su compañía.

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