#Columna B You: Los seres imperfectos viven más libres

Si eres de las personas que todo el tiempo están pensando en que todo debe ser perfecto pero al final terminan frustrados, entonces esto te interesa. Sigue leyendo.
Si eres de las personas que todo el tiempo están pensando en que todo debe ser perfecto pero al final terminan frustrados, entonces esto te interesa. Sigue leyendo.
 Si eres de las personas que todo el tiempo están pensando en que todo debe ser perfecto pero al final terminan frustrados, entonces esto te interesa. Sigue leyendo.  (Foto: Especial)

Nota del editor: Bárbara Barragán es psicoterapeuta especialista en Análisis Existencial y Logoterapia. Ha encontrado su camino y sentido de vida acompañando a otros a encontrar el suyo. Atiende terapias en su consultorio particular, imparte cursos y talleres sobre Logoterapia; y es docente en SMAEL (Sociedad Mexicana de Análisis Existencial y Logoterapia) donde forman nuevos psicoterapeutas.

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Vi un video maravilloso en el que un grupo de mujeres hablan de lo que harían si tuvieran la posibilidad de ser jóvenes otra vez en el mundo actual. Expresan que este mundo les asusta, pues está lleno de aparentes placeres que acaban siendo en realidad presiones tales como la de ser perfecta: la perfecta madre, esposa, novia, amiga, hija, compañera de trabajo, por ser exitosa, por lograr más, por poder con todo, por tener un mejor cuerpo, más dinero, más planes, más amigos, por hacer y hacer cada vez más y más...

El video realmente me hizo reflexionar ¿Se nos olvida que somos seres humanos y que una de las condiciones es ser imperfectos? ¿Por qué este perfeccionismo socialemente tan reforzado nos hace tanto daño?

En psicología, el perfeccionismo consiste en la creencia de que se puede y se debe alcanzar esta condición. Cuando esta creencia de perfeccionismo empieza a ser un pensamiento obsesivo, recurrente y limitante, te llegas a convencer de que cualquier cosa por debajo de un ideal de perfección es inaceptable, inconcebible y malo. Ojo aquí con la palabra ideal, pues los ideales se fincan en tu pensamiento y están determinados por la manera en la que percibes el mundo, estos pensamientos de perfección e ideas se convierten en el "filtro" con el que ves todo y pueden hacerte mucho daño, llevándote muchas veces a inmovilizarte y a no hacer nada por miedo a errar, a salirte del esquema o a hacer el ridículo y ser rechazado.

Si no te paralizan estos pensamientos de perfección, los cuales suelen ser muy rígidos, te llevan a posponer casi todo hasta que según tú encuentras el momento perfecto o la manera exacta y correcta de hacerlo, la cual rara vez llega. Como resultado tendrás un auto desprecio por no alcanzar o hacer aquello que imaginaste y que en tu mente era perfecto, poniendo tu propio valor personal en un resultado que nunca llega.

Tus relaciones personales también son sumamente afectadas por este pensamiento perfeccionista, ya que las expectativas puestas en los otros, bajo la luz de la perfección, serán expectativas irreales y muy exigentes que provocarán grandes frustraciones, dolor y muchísima ansiedad.

El perfeccionismo acaba siendo no solamente una lucha por ser perfecto ante tus propios ojos, sino por ser perfecto ante los ojos de los demás, quienes finalmente son humanos como tú, con imperfecciones y pocas veces les interesa tu afán de perfección.

No hay nada malo en tratar de hacer las cosas lo mejor posible, atención con la palabra lo mejor posible, aquí está la clave: lo mejor posible para ti consiste en aceptar tus posibilidades. Sin embargo, un perfeccionismo excesivo y sobre todo poco flexible rechaza lo posible y puede convertir tu vida en un verdadero infierno lleno de metas inalcanzables, frustraciones constantes, relaciones imposibles y sobre todo poco amor y comprensión hacia ti mismo y los demás. Mientras luchas por ser perfecto no sabrás quién eres, porque solamente te concentrarás en lo que no eres, por tanto jamás serás perfecto.


Aprender a soltar es un buen ejercicio para no sentir la presión de ser perfectos.
 Aprender a soltar es un buen ejercicio para no sentir la presión de ser perfectos.  (Foto: Especial)

Intentar la perfección no te hace perfecto, si no todo lo contrario, hace que te sientas en un estado de disgusto crónico contigo mismo y con el mundo, convirtiéndote en tu peor enemigo. Y como dice el doctor Ricardo Peter "Queriendo vivir de la manera más perfecta, el perfeccionista se olvida de vivir".

¿Qué debemos hacer para modificar esta manera perfeccionista de ver el mundo y la vida? Recuerda que no es la vida la equivocada, sino la manera en que aprendiste a percibirla, en cómo la filtras e interpretas.

Primero que nada tienes que aceptar el hábito de pensamiento perfeccionista, y aceptar que éste te ha hecho y te está haciendo daño. A partir de ahí comenzarás a trabajar en la inclusión de un nuevo hábito de pensamiento más sano, flexible y humano, tratando de volver la vista al ser, dándote cuenta que tú no eres sólo lo que haces y que tu valor personal no depende únicamente de tus logros exitosos, sino de tus potenciales y capacidades humanas tales como pensar, sentir, aprender y relacionarte.

Comenzarás a darle un sentido y significado a tus días, experiencias y te darás cuenta que eres un ser humano imperfecto, que comete errores pero que cuentas también con la posibilidad de corregirlos, es decir tendrás que aprender a incluir el error y tus propias limitaciones en tu nueva manera de percibir el mundo.

El error no es optativo, está incluido en el precio de vivir. Date cuenta que es imposible saber todo y hacer todo bien, es decir no puedes controlar todo. Lo importante no es evitar cometer errores, si no aprender de ellos y salir adelante. Tendrás que trabajar en la práctica diaria de la compasión, el amor, la calidez, el perdón y la bondad por ti mismo y por los otros.

¿Cómo lograrlo?

- Trabajando mucho en el cultivo del cuidado del SER, mucho más que del HACER.

- Trata de replantear tus metas y expectativas de una manera más real y sin compararte con los demás.

- Aprende a recibir la critica sin engancharte y disminuye tu propia crítica hacia los otros, pero sobre todo hacía ti mismo.

- Trabaja en soltar y dejar ir.

- Practica el sentido del humor ya que te llevará a ser más benévolo con los otros y contigo. Retira la seriedad y el tono grave con el que muchas veces percibes la vida ya que tomarte todo demasiado en serio obstruye la compasión.

- Atrévete a hacer lo que crees que es ridículo o absurdo, deja de imaginar que todos tienen los ojos sobre ti, pero sobre todo concéntrate en vivir el momento.

Y recuerda que "Lo que es verdaderamente duro y verdaderamente maravilloso, es renunciar a ser perfecto y empezar el trabajo de convertirte en ti mismo" tal y como lo dice la periodista Anna Quindlen.

Tu tarea esta semana será:

1- Pon algo de desorden al orden perfecto de vida que has intentado mantener. Un poco de desorden flexibiliza y libera.

2- Elige tres cosas que prefieres tener en orden y date el permiso de desordenarlas, puede ser modificar algo simple como el lado por el que siempre bajas de la cama, cambiarte del lugar que siempre ocupas en la mesa, ponerte alguna prenda que según tu no combina o hacer al final lo que normalmente haces al principio. Gradualmente puedes añadir algo más.

3- Deja que lo que has puesto en desorden se integre a tu esquema mental y que un nuevo orden más flexible y más humano se asiente en ti.

Nos seguimos leyendo.

Contacto de Bárbara Barragan D.:

Facebook: B You

Mail: byou.psicoterapia@gmail.com

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