Obsérvate y acaba con el miedo y los celos

En esta ocasión te invito a encontrar el origen de tus miedos, así como de todas las emociones negativas de tu vida.
En esta ocasión te invito a encontrar el origen de tus miedos, así como de todas las emociones negativas de tu vida.
 En esta ocasión te invito a encontrar el origen de tus miedos, así como de todas las emociones negativas de tu vida.

En el artículo pasado hablamos de los miedos justificados y los no justificados. También hablamos de la importancia de polarizar adecuadamente las imágenes de nuestros demonios internos para tener el control y así acabar con ellos. La metodología tratada es excelente y muy efectiva.

Hoy te quiero invitar a explorar una técnica aún más profunda para poder encontrar el origen de los miedos y de otras emociones negativas, como por ejemplo, los celos.

En esta ocasión el método trata de encender tu "yo observador" y desde ahí analizar, con mucho detenimiento, las emociones que se despiertan al atizar el fuego de tus miedos o de tus celos. Aunque parezca muy extraño, en lugar de combatir el miedo injustificado de forma directa, lo vamos a agrandar, magnificando este temor. En otras palabras, lo vamos a amplificar y cuanto más grande lo hagamos, mejor. Al concentrarte en tu miedo, lo primero que haces es reconocerlo, creando un círculo virtuoso y adquiriendo el control sobre ti mismo y sobre el miedo.

De forma automática el miedo pasa a ser un objeto observado, ya no puede apoderarse de ti, eres tú quien comienza a aprender de él. Desde esa perspectiva te permite verlo con mucha mayor objetividad y te ayudará a que no te invada ni se apodere de ti nunca más.

Me gustaría hablarte de lo que me sucedió con mis celos, para aclarar mejor este concepto. En una ocasión me entró un ataque de celos y cuando me di cuenta de que estaba terriblemente celoso, en lugar de anular el sentimiento, me propuse acentuarlo, de tal manera que pudiera explorar con claridad cómo reaccionaba ante ellos. De repente, me encontré en una escena de mi pasado en donde estaba terriblemente celoso y me encontraba completamente desconcertado al no comprender qué me ocurría.

Estaba en primaria con un amigo que se había autoinvitado a mi casa, como siempre hacía, y estábamos con mi hermana pequeña. Mientras él continuaba platicando larga y amenamente con ella, yo no sabía cómo proceder, ya que era obvio que a mí no me tomaban en cuenta ninguno de los dos y que casi estaba yo ahí como una figura decorativa. Comprendí, rápidamente, que mi amigo no me iba a ver a mí, sino que su verdadera intención era visitar a mi hermana, pero como no podía hacer esta visita descaradamente, me utilizaba como instrumento para poder encontrarse.

Yo no comprendía el acontecimiento conscientemente y viví una experiencia un tanto cuanto traumática, dejando un dolor profundo de incertidumbre, que me sacó terriblemente de mi centro. Lo que resultó fantástico fue volver a revivir el evento posteriormente, con muchos años de experiencia. Me ayudó a comprender, casi al instante, lo que había ocurrido en aquel entonces, pero ya sin dolor y sin incertidumbre.

YO OBSERVADOR

El "yo observador" es un concepto maravilloso, conocido en el Tíbet desde hace más de 5 mil años. Los tibetanos sabían perfectamente (ya desde aquel entonces), que nosotros no somos nuestros sentimientos ni nuestras emociones. ¿Tu pensamiento eres tú? LRA... Así como no somos nuestros cuerpos, sino que estos son simplemente un vehículo para nuestro SER y para que este pueda expresarse a través de la materia. Nuestro cuerpo es una parte de nosotros, pero sin duda alguna es la parte más burda en nuestra energía, por lo que no forma parte de nuestra vida eterna, lo dejaremos reposando en esta tierra, mientras nosotros como espíritu, entraremos para siempre en la eternidad.

Y esto es lo importante de la técnica: aprender a observarnos con cierta distancia. La forma en que pensamos, sentimos, reaccionamos, las actitudes que adquirimos ante ciertos acontecimientos, de forma automática, tomándonos por sorpresa y haciéndonos esclavos de estos patrones de conducta.

¿Tu yo observador está encendido? LRA... ¿Tus patrones de conducta forman parte de ti? LRA... ¿Observas tus miedos y tus celos, o ellos te observan a ti? LRA... ¿Te dejas invadir por ellos? LRA...

Por ejemplo, piensa en el dolor cuando vas al dentista y sientes el mini taladro agujerando tu muela. Si te concentras en eso, probablemente aumente un millón de veces. Tu atención es como un poderosísimo lente zoom. Cuando pones tu atención al 100 por ciento en un dolor, te conviertes en el dolor mismo. Igual ocurre con cualquier emoción (miedos, celos...), te conviertes en ella, perdiendo la distancia y la capacidad de observar lo que te acontece. Cuando observas con detenimiento la emoción y atizas más el fuego (cuando lo amplificas, en lugar de huir de él), como por arte de magia te transportas a algún momento de tu vida en el cual tuviste la misma sensación. Al recordar este miedo en un evento pasado y desde la distancia, le quitas la carga emocional y comprendes lo que ocurría.

ELIMINA LOS TRAUMAS

También en nuestro México querido usaban desde hace muchos años esta metodología conocida como la recapitulación por el Náhuatl Don Juan, tan bien relatada por el gran maestro Carlos Castaneda en varios de sus libros.

En ellos, el autor hace mención constante de las tareas que les dejaban sus maestros: recapitular sobre los eventos importantes de su vida hasta quitarles la carga energética, trayendo al consciente la parte que se había quedado en el inconsciente, sanando así los traumas (eventos tan fuertes que no podemos procesar de manera consciente y arraigan profundamente en el subconsciente).

Los traumas forman una especie de cicatriz energética restando energía de nuestro flujo energético, creando malestares emocionales y finalmente físicos. Al recordar un trauma, este sana y la cicatriz energética desaparece, devolviendo al flujo energético la energía antes encapsulada haciendo que la persona goce de un nuevo bienestar, revitalizador y permanente. Es por ello que te invito a probar esta fórmula.

Quiero dejarte este mantra (palabra-vehículo para meditar) como regalo para tu bienestar. Repítelo constantemente: Si Dios conmigo, ¿quién contra mí?... Si Dios conmigo, ¿quién contra mí?... Si Dios conmigo, ¿quién contra mí ...

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