Más anécdotas
del Baby´O
Aníbal Santiago
Lunes 06 de febrero de 2012 a las 08:00
Conoce más experiencias vividas en la disco número uno de México donde han bebido, bailado, peleado y ligado los políticos, empresarios, deportistas y artistas más importantes.

Baby O
Baby O (Foto: Revista Quién)

 

¿POR QUÉ NO LE  PONEMOS BABY'O?

 

 

En vacaciones de Semana Santa del 76, el cardiólogo Teodoro Césarman y su hijo Eduardo visitaron en Acapulco la disco Le Jardin. Ahí, uno podía ver a Rod Stewart tomar champaña con su mujer Alana, bailar al Padrino del Soul James Brown o a Gloria Gaynor palomear entre amigos "I Will Survive". Eduardo, adolescente, administrativo de un banco, dijo a su padre: "Me encantaría tener una disco en Acapulco". "Busca un socio con un terreno -le contestó don Teodoro- y te ayudo con los permisos".  Al volver al DF, Eduardo supo que su amigo Lalo del Mazo poseía un terrenito en esa ciudad.

 

Una noche, en la disco Skyros de Tecamachalco, Lalo le presentó a un vecino que también quería un antro, el joven músico Rafael Villafañe. Al día siguiente los tres viajaban a Acapulco para conocer el terreno de la naciente colonia Costa Azul. Aunque apenas alcanzaba 700 m2, les gustó. De inmediato, los padres de Rafael y Eduardo acordaron apoyarlos con la inversión inicial. Faltaba un nombre. De paseo, camino a un rancho de Hidalgo, Rafael puso una cinta en la casetera de su Mustang 70. Y sonó un tema de amor de Dean Martin: "Baby'O", de 1962. "¿Por qué no le ponemos Baby'O?", preguntó Rafael. Eduardo no lo contradijo. "Un rato después -dice Eduardo, alucinamos que la entrada sería por la letra O".

 

Era mayo y querían abrir en diciembre. "Nos decían que estábamos locos, que no podríamos", recuerda Eduardo, que pidió un proyecto arquitectónico a su amigo, el artista Joaquín Jurado.

 

El resultado fue una maqueta de una disco que Jurado visualizó como "un templo a la música y la danza". Con muros de arena, plantas y jacuzzi en lo alto, reprodujo una caverna de homínidos con un rasgo sorprendente: estaba planeada en desniveles. En contraste con las discos planas, donde ves sólo a quienes te rodean, la perspectiva permitiría que el establecimiento fuera, como indicaba su credo fundacional: "Baby'O, donde ves y te ven".

 

Don Tedoro hizo una cita a su hijo con el secretario de Gobernación, Mario Moya, para que trabajara en México el colombiano Abbis Rodríguez, primer DJ del Baby, y luego otra con el secretario de Comercio, José Campillo, para importar amplificadores.

 

El lugar y la música ya estaban. Faltaba seducir a la gente. El terreno en 1976

 

 

Baby O
Baby O (Foto: Revista Quién)

 

BONO Y LUIS MIGUEL  EN LA MISMA NOCHE

 

Luis Miguel se sentó en la mesa de Gardel junto a varias chicas de infarto y refugiado tras una barrera de escoltas. El Sol, como siempre, entorpecía el curso de la noche con esa pregunta que instala en los clientes cada vez que va: "¿Qué está haciendo Luis Miguel?" Pero lo inimaginable conjuró el hechizo hasta casi hacerlo desaparecer.

 

Un tipo de lentes entró, pasó junto a "la barra de la muerte" y atravesó la pista. Los cientos de clientes del Baby aplaudieron y ovacionaron a Bono, que sonreía espontáneo esa noche de hace más de una década. El vocalista de U2 saludó a la gente, repartió autógrafos y se dejó fotografiar. Mientras tanto, Luis Miguel hizo una pausa a su copa de champaña para hacer una mueca y jugar al sarcasmo, según recuerda Césarman, dueño del Baby: "Vio a Bono y dijo: ‘¿Quién es Bono?'"

 

El irlandés eligió una discreta mesa en lo alto de la disco, donde estuvo con su amigo Jaime Camil. "Pidió una botella de tequila Don Julio -dice El Puma- Estaba contento, bailando, brindaba con sus amigos". Y pidió que sonara un tema suyo, "Elevation". Bono escuchó su propia voz, que cantaba: High, higher than the sun / You shoot me from a gun / I need you to elevate me here. "Lo tenía justo enfrente y vi que se puso alegre -recuerda el DJ Darío-. Fue una fiesta mágica".

 

 

Baby O
Baby O (Foto: Revista Quién)

 

EL LAMBORGHINI  DE AZCÁRRAGA

 

Un chavo desconocido dejó al valet las llaves de su VW Safari rojo una noche de fines de los 80. Entró junto con su novia y pidió al gerente Legarreta una mesa de pista. "No te la puedo dar", le dijo. Y el cliente le respondió, "No te quiero decir quién soy". "Y no me interesa", replicó el gerente.

 

Al rato el chico volvió a ir con Legarreta.

 

-Soy Emilio Azcárraga-, le dijo.

 

-¿Ah, sí? No me digas-, contestó Legarreta con sarcasmo.

 

-Es en serio-, le replicó.

 

"Sacó su licencia y me la mostró -cuenta el ex gerente-. Y pues sí, decía: Emilio Azcárraga".

 

Desde entonces, Emilio es un cliente incondicional. Sólo que ahora suele llegar no en un Safari, sino en un Lamborghini Murciélago.

 

 

Baby O
Baby O (Foto: Revista Quién)

 

SE TATEMÓ  TODITA

 

"Papá, se está quemando el Baby'O", le dijo al Mamey, gerente del Baby, una de sus hijas.

 

Ese 8 de diciembre, Mamey tomó los catalejos y desde su casa, en lo alto de un cerro de Acapulco, vio humo. Tomó su auto y llegó: los bomberos calmaban el fuego cuando los reporteros lo rodearon. "Sé menos que ustedes", les dijo. La totalidad del techo y los muros ya eran cenizas. "Se tatemó todita", dice Alfonso Romero El Doc, responsable del cóver.

 

Al ingeniero que remodelaba el antro y soldaba el techo se le había colado una chispa por la vieja y muy inflamable estructura de poliuretano. En segundos el fuego consumió las entrañas de la disco.

 

Abatidos, aquella noche los empleados se recostaron junto a las ruinas "a ver las estrellas", cuenta Mamey. Pero al día siguiente los empleados mutaron en incansables albañiles que sacaban escombros. Y luego devolvieron al Baby su apariencia prehistórica colando arena y echando brillantina.

 

El diminuto bar vecino, Jarro Café, propiedad de El Mamey, funcionó como comedor, oficina y centro logístico de la reconstrucción del Baby. Semanas después, cuando sólo faltaba colar el nuevo techo y listos todos para la celebración, el cemento fue mal distribuido y el techo colapsó. Otra vez, la tragedia.

 

"Estuve dos días vomitando de tristeza y cansancio", cuenta Mamey, que recuperó el aliento hasta el 14 de enero de 1999, a 38 días del incendio, cuando el nuevo Baby'O, con techo antisísmico, fue reinagurado.

 

 

Baby O
Baby O (Foto: Revista Quién)

 

MICHAEL, QUE NO TE QUITEN ESOS MILLONES

 

Con un ramillete de fantásticas modelos, Michael Jordan fue invitado por Gardel a su mesa. "No, thanks", respondió el astro de la NBA. Esa noche de fines de los 90 sacó un puro, cual jeque contempló la pista del Baby'O y ordenó cuatro botellas de champaña Cristal. Parecía una estatua de bronce acariciada por cinco gatitas blancas. Gardel pidió a Darío, el DJ, que pusiera buena música negra. "Michael se va a cagar de risa cuando lea esto -me dice Gardel-: pero yo quería que el non plus ultra del deporte de todos los tiempos viera nuestro conocimiento del rythm and blues". Y sí, Michael no paró de bailar con sus rubias.

 

Al día siguiente llamó por teléfono a Gardel jugador volvió y pidió sentarse con él. Pero los asistentes de Jordan plantaron a Gardel una exigencia: "Michael quiere que usted le entregue todo el material grabado del circuito cerrado: se está divorciando y su esposa pide el 60 por ciento de su fortuna".

 

Para sacarle unos 170 millones de dólares, Juanita Vanoy podía usar como recurso legal que su marido salía con otras mujeres.

 

Gardel se negó, pero recuerda cómo serenó esa noche al deportista: "Michael, vete a tu casa y deja a estas hijas de puta. Por Dios, que no te quiten todos esos millones".

 

"Michael se rió como no tienes idea", jura Gardel.

 

 

Baby O
Baby O (Foto: Revista Quién)

 

EL KAMIKAZE: 150 JARRAS POR NOCHE


Quien desde hace 20 años recibe al cliente tras superar la puerta es el hosco Alfonso Romero El Doc, jefe del cover. "Dicen que afuera del Baby soy a toda madre y adentro una mierda: estoy en mi papel hermético para que los clientes me paguen". Arriba del Doc, sobre el acceso interior, cuelga una foto de Meher Baba, gurú indio de gran sonrisa autonombrado Avatar de nuestra era, del que es seguidor Villafañe, dueño del Baby. Y delante está la barra 1, la más importante.

 

Hace 25 años, el gerente Juan Carlos Legarreta llegó del brazo de dos bellas canadienses a esa barra. Él y los barman Alberto Pascual y El Güero Miranda jugaron a improvisarles algo frozen: mezclaron licor de naranja, vodka, limón, azúcar, sal. El líquido se colocó en la mamila de Legarreta: "Probaron mi mamila 20 güeyes -dice-. Me dio tanto asco que pedí que lo pusieran en una jarra con popotes y todo mundo empezó: ‘¡Quiero una!'" Así nació el kamikaze (nombre copiado de un coctel japonés), del que se vendían hasta 150 jarras por noche.

 

EL RINCÓN SECRETO

 

Junto a la mesa de Gardel baja una escalerita discreta que conduce a la "barra de la muerte", pequeña y oscura, exclusiva de famosos y amigos. Sin chicas ni pantallas gigantes las gargantas más exclusivas se lubrican con Baby Mango y otros shots poderosos. Es el rincón secreto del Baby'O.

 

PARTE 1 DE 3 "LOS GRANDES INICIOS DEL BABY ´O"

 

PARTE 2 DE 3 "LOS SECRETOS DEL BABY ´O"

 

PARTE 3 DE 3 "ASÍ ERAN LAS NOCHES DE FIESTA EN EL BABY ´O"