Brexit: ¿Cuáles podrían ser los siguientes países en salir de la UE?

Ana Paula Ordorica periodista hace un análisis claro y directo de las implicaciones que tiene para Europa y el mundo la salida de Reino Unido de la Unión Europea.
Ana Paula Ordorica periodista hace un análisis claro y directo de las implicaciones que tiene para Europa y el mundo la salida de Reino Unido de la Unión Europea.
 Ana Paula Ordorica periodista hace un análisis claro y directo de las implicaciones que tiene para Europa y el mundo la salida de Reino Unido de la Unión Europea.  (Foto: Especial.)
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 -  (Foto: Especial)

*Ana Paula Ordorica es Internacionalista por el ITAM y maestra en Historia por la Iberoamericana; conduce Frente al País en radio y Foro Global en TV; escribe en Excélsior.

Cinco días después del voto en favor del Brexit, de la salida de Reino Unido de la Unión Europea (UE), Nigel Farage, el líder del partido Independentista (UKIP), y gran impulsor de la campaña del Brexit, se presentó en Bruselas, el corazón de la UE, ante el Parlamento Europeo y espetó -en medio de abucheos- la frase tan temida por los europeístas: "Reino Unido no será el último país en dejar la UE".

Esa frase de Farage es el gran temor de quienes creen que Europa es y ha sido la solución política, económica y de estabilidad del continente que fue la cuna de las dos grandes Guerras Mundiales.

Esa frase es a la vez el mayor sueño de los euroescépticos o eurofilios.

Y es la semilla de la gran pregunta que generó el resultado del jueves 23 de junio en Reino Unido, en donde el 52 por ciento de los británicos votó por salirse de la UE.

¿Reino Unido? El nombre parece irónico y digno de burlas si no es porque lo sucedido genera la enorme incertidumbre de ¿ahora qué? ¿Qué sigue? ¿Quién sigue?

Y es que el referéndum inglés llegó en un momento de gran inestabilidad mundial. En un momento de crisis terrible para la UE. Basta ver primero a un Reino Unido convulso que vuelve a ver sus fronteras puestas a discusión con una Escocia y una Irlanda del Norte que se niegan a aceptar el divorcio de Europa.

También hay que voltear a ver la situación en los otros países de la UE: Marine Le Pen, del Frente Nacional, amenaza con que su triunfo en 2017 llevará al Frexit en una Francia que es mucho más euroescéptica que Reino Unido; Geert Wilders exige una consulta en Holanda, lo mismo que Ma-tteo Salivini, el dirigente de la Liga Norte en Italia. Ni qué decir de la extrema derecha que se quedó en la antesala del triunfo en las recientes elecciones de Austria.

El historiador inglés Timothy Garton Ash anota en un gran editorial publicado en El País que los sondeos muestran que entre la tercera parte y la mitad de la población de muchos países europeos se comparte la desconfianza de los británicos respecto a la Unión Europea.

Desconfianza que llevó al voto por salir, por el Brexit. Aun cuando muchos ciudadanos ni siquiera sabían qué significaba UE. Según análisis de Google, tras conocerse el resultado del referéndum, la segunda mayor búsqueda en internet que hicieron los británicos fue: ¿Qué es UE?

Y un voto que mostró tres grandes divisiones entre los propios británicos. Una división social, generacional y geográfica. La geográfica la mencioné líneas arriba. La social es evidente si vemos que entre los que más apoyaron la permanencia, el 45 por ciento cuenta con diploma universitario y su sueldo promedio es de 36 mil dólares. Por el lado de los que votaron por salir, sólo el 16 por ciento cuenta con carrera universitaria y su sueldo promedio es de 24 mil dólares.

La división generacional se sintió en los jóvenes que en su mayoría votaron por permanecer. El problema es que no salió el suficiente número de ellos a emitir su voto y ahora estarán obligados a vivir amarrados a un resultado que fue impuesto por su apatía de no salir a votar. Seguramente estaban ocupados viendo videos en Snapchat.

Muchos de quienes acudieron a votar por el Brexit lo hicieron pensando que así recuperarán la soberanía perdida ante las instituciones europeas. Bajo esa premisa, Reino Unido tendría que salir de otros órganos internacionales, como la OTAN, a cuyas reglas también se ve sometido.

La realidad es que este ejercicio democrático comenzó como una maniobra política del primer ministro David Cameron para, por un lado, ganar las simpatías y el voto de quienes estaban escuchando a Nigel Farage y sus deseos independentistas. La promesa de que si era reelecto en 2015 llevaría a cabo este referéndum fue una de las principales razones por las que Cameron pudo permanecer en el cargo.

Por el otro lado, Cameron pensó que el referéndum le funcionaría para presionar a las autoridades de la Comunidad Europea para que Gran Bretaña obtuviera condiciones excepcionales en las reglas para migrantes y refugiados, sobre todo.

Cameron subestimó el poder de la democracia. Pensó que podía llamar a un referéndum pero que el resultado no le iba a ser adverso. Terrible ejercicio de cálculo que hoy ha terminado con su carrera política y tiene sumido a su país y al mundo occidental en una crisis con alcances incalculables. Pero el fondo del asunto ha sido el ascenso de los discursos antiinmigrantes, xenófobos, racistas que se replican desde Estados Unidos por Donald Trump hasta Reino Unido. Días después de haber ganado el referéndum por la salida se vio a ingleses gritando en la calle a migrantes "¡Fuera! ¡Fuera!...hemos votado por el fuera así que sal de mi país".

Grito igual de ignorante que el de Trump acusando a un juez de apellido latino pero nacido en EU, de ser parcial en el juicio que se le sigue sobre corrupción en la Universidad Trump. Ignorante pero motivado por el miedo a sufrir más ataques como el de París o Bruselas que dejaron decenas de muertos por fanáticos religiosos que llegan a Occidente repudiando ese estilo de vida y las libertades que implica.

Esperemos no cumplir las profecías cíclicas que hablan de periodos de 80 años de estabilidad seguidos por el caos, como sucedió con el inicio de la Gran Depresión de los años 30 que generó la Segunda Guerra Mundial; 85 años antes, aproximadamente, fue la Guerra Civil en EU, y 85 años antes la Guerra de Independencia.

Independencia que 48 por ciento de los británicos creyó haber obtenido con su voto por el Brexit. La motivación fue el miedo al extranjero y el enojo con la clase política. ¿Quién sigue? Si los líderes se empeñan en pensar que las demandas ciudadanas no son dignas de atención, estamos ante el principio del fin del sistema que le ha dado estabilidad a Occidente por poco más de siete décadas.


Ana Paula Ordorica.
 Ana Paula Ordorica.  (Foto: Cortesía)
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