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A principios de la década de los 40, en plena Segunda Guerra Mundial, la familia Fuentes se mudó a Santiago de Chile, donde Carlos y su pequeña hermana Berta, nacida en 1932, oirían hablar el español ya no sólo en casa, sino en la calle.
En el exclusivo colegio inglés The Grange hizo amistad con el joven Roberto Torreti, con quien compartió la pasión por la lectura y las primeras inquietudes por escribir historias. Sin duda, esta relación inspiró en Fuentes el ideal de una amistad afectiva e intelectual que buscaría a lo largo de su vida.
Hoy, Torreti es un destacado filósofo en su país.
Una vez más, los Fuentes se mudaron, ésta vez a Argentina. Buenos Aires fue un gran descubrimiento para el joven Carlos. Como la dictadura que gobernaba al país apoyaba a la Alemania nazi y en las escuelas se inculcaban prejuicios antijudíos, Fuentes se negó a asistir a la secundaria, apoyado por sus padres. Pero Carlos aprendió otras cosas en la estimulante escuela de la vida. "A los 15 años pasé el año más maravilloso, al descubrir a Borges, el tango y las mujeres", confesó hace algunos años al periódico británico The Guardian.
Su primer libro, Los días enmascarados, lo publicó en 1954, pero no fue sino con La región más transparente, su segunda obra, publicada en 1958, que igualó el éxito que ya tenía en sus relaciones sociales.
Según un comenatrio escrito en los años 60 por el respetado crítico Emmanuel Carballo, parte del mérito y de la polémica que generó la novela se debía a que era una "denuncia artística contra los revolucionarios burgueses que tienen el poder en sus manos".
Ese mismo año, el escritor se casó con Rita Macedo, un rostro identificado en el cine mexicano. Ella actuó en Nazarín, de Luis Buñuel, y mientras Fuentes acompañaba a su esposa a las filmaciones, desarrolló una amistad profunda con el cineasta.
Rita sólo pudo filmar una escena de El ángel exterminador, de Buñuel, debido a un embarazo de alto riesgo. A los pocos meses nació Celia, "La Fuentecita", como la llamó el cineasta.
Los años siguientes no fueron fácilas para el matrimonio. Él continuaba escribiendo y publicando a un ritmo impresionante, mientras ella cuidaba de los hijos y deseaba continuar con sus proyectos como actriz. En 1969 se divorciaron, después de que Fuentes cambiara su residencia a Europa.
En 1993, Rita decidió terminar con su vida, según la prensa, aunque la familia sostuvo que se debió al cáncer.
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El principio de la década de los 70 estuvo marcado por una gran pérdida, la de su padre, pero también por un encuentro con la periodista Silvia Lemus. Y en 1972 la pareja decidió casarse.
Al años siguiente nació Carlos, en París, y en 1974 nacería Natasha en Washington D.C, el mismo año en que Fuentes fue nombrado embajador en Francia. En 1977 renunció por desacuerdos con el presidente José López Portillo, así que la familia viajó por Estados Unidos, en donde él comenzó a dar conferencias y a impartir clases en universidades.
El 24 de agosto de ese año llegó una información desconcertante a las redacciones de los diarios de la ciudad de México: el cuerpo sin vida de "la hija de Carlos Fuentes" había sido encontrado en una vecindad ubicada cerca del Centro Histórico.
La Presidencia emitió un comunicado en el que Vicente Fox dio el pésame a Fuentes y Lemus: "Natasha siempre habitará en nuestro recuerdo".
Fuentes dexribió a Natasha, fallecida a los 30 años, como "una isla solitaria" a quien "le gusta inventarse y reinventarse una y otra vez".
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Publicó este año La voluntad y la fortuna. Fuentes no ha perdido la energía ante los duros embates de la vida los años recientes. Silvia se ha ocupado de difundir alrededor del mundo la obra de su hijo Carlos, mientras que el escritor ha publicado un libro tras otro, exorcizando sus fantasmas en En esto creo y Todas las familias felices, escritos en las temporadas que pasa en su casa de Londres, antes de volver a su residencia en San Jerónimo, en la ciudad de México.
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Obtuvo el Premio Internacional Don Quijote de la Mancha por su destacada trayectoria individual, de mano de los reyes españoles Sofía y Juan Carlos.
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Rara vez se produce el milagro de que los autores se vuelven profetas en su tierra. En 2008, Carlos Fuentes no sólo fue el más escuchado y celebrado en México, sino el más leído. La edición masiva de su novela icónica La región más transparente, en colección de bolsillo, y la declaración del “Día Nacional de la Lectura de Carlos Fuentes”- justo el 11 de noviembre cuando cumple años-, lo coronaron como el escritor más querido y respetado del país.
México le rindió honores. Y el mundo siguió maravillado por su talante, su pluma y su crítica mirada. Los reyes españoles le concedieron el collar de la Orden de Isabel la Católica y el Premio Internacional Don Quijote de la Mancha; también recibió la medalla 1808, del gobierno del DF.
En casa, los homenajes por sus 80 años de vida recorrieron el país y lo mismo se realizaron debates sobre su obra en la UNAM, que pasó revista de la FIL de Guadalajara, se montó la ópera Santa Anna –escrita por él mismo-, e incluso seleccionó sus películas favoritas para que se proyectaran en la Cineteca Nacional.
Fueron los honores propios de la prolífica historia del rey de las letras mexicanas. Todo un dandi que gusta de la buena música, el buen vestir y la buena vida. Amigo cercanísimo de los Nobel García Márquez y Nadine Gordimer, el autor de Aura se dejó apapachar.