Murió David Jones, pero David Bowie es inmortal

El periodista Rafael Sarmiento reflexiona sobre la trayectoria del recientemente fallecido artista británico y su legado en la música.
El periodista Rafael Sarmiento reflexiona sobre la trayectoria del recientemente fallecido artista británico y su legado en la música.
 El periodista Rafael Sarmiento reflexiona sobre la trayectoria del recientemente fallecido artista británico y su legado en la música.

Aún no me reponía a la resaca de cansancio que nos dejó la cobertura y transmisión de los Globos de Oro cuando un mensaje me despertó en la mañana, de ese ahora inolvidable lunes 11 de enero.

Era Jimena mi esposa, contándome catorce cosas y finalmente diciendo, que sentía mucho la muerte de David Bowie. De esa forma me enteré.

Quizá Jimena me lo decía de esa manera por saber que uno de mis tres héroes de infancia-pubertad-adultez había muerto. El primero era de Aberdeen Washington y también está muerto. Me queda solo un vampiro gordo y despeinado de apellido Smith.

La reacción en redes sociales, fue masiva como corresponde a un tipo que trascendió generaciones y que rompió esquemas de música, cine y hasta moda: Desde el lamento de colegas que siempre se inspiraron en su siempre interesante trabajo, hasta la guerra de calificativos y desacreditación de los más puristas seguidores quienes se sintieron ofendidos por inconsistencias en la información; las citas con fragmentos de sus canciones o por no ser los únicos que sintieron un dolor que sin duda fue -y tenía que ser- universal.

¿Cómo es posible que David Bowie se haya ido, si él era inmortal?

Quizá debamos pensar que aquel que se cambió el nombre artístico a Bowie para no ser confundido con el cantante de The Monkees nunca murió; pero al final del día, el simple David Jones era sólo un ser humano y no ese atlante invencible creador de tanto arte.

Me aterra escribir este articulo porque sea lo que escriba, sentiré que jamás le haré justicia. Diga lo que diga me es imposible dimensionar o darle lo que merece.

Intentaré honrarlo desde mi propia experiencia. "It Ain´t Easy".


El músico con su esposa, la modelo Iman.
 El músico con su esposa, la modelo Iman.  (Foto: Reuters)

Fue a través de mis primos; el escritor Álvaro Enrigue y Juan Enrigue que lo conocí a mediados de los ochenta. Los discos de vinil que de Toronto traían, sonaban en casa de mis tíos junto con la natural rotación de videos en MTV; muy especialmente los de los discos "Scary Monsters"; "Lodger" y "Let´s Dance". Esos viejos acetatos los heredé después, en un acto del cual probablemente mi primo Álvaro se arrepiente, cuando vino el periodo transitorio de formatos con la aparición del CD.

Bowie suena a mil cosas. No podemos hablar de un estilo o un género. Demasiadas épocas y experimentos. Demasiados sonidos, alineaciones en su banda, productores y personajes. Era un absoluto transformista que inventó y reinventó; que marcó el camino y que seguro -si acaso no te gusta o no lo conoces- influenció a ese artista que sí reconoces.

Siempre rodeado de músicos extraordinarios como el guitarrista boricua Carlos Alomar o el bajista Carmine Rojas, la fantástica Gail Ann Dorsey o el baterista Omar Hakim; Bowie divide su obra en sonidos o hasta ciudades. Los hechos en Londres, los de Berlin, o los de Nueva York. La era de Toni Visconti, o la de Brian Eno. Cada uno responde no solo a su momento artístico pero también a periodos de su vida. Una vida agitada, de excesos, de recuperaciones y resurrecciones.

Disfruto muy en especial la década del setenta, cuando Bowie no solo creaba sus más icónicos personajes como el perdido cosmonauta "Major Tom" -después recordado en Ashes to Ashes" y en "Hallo Spaceboy"- o " Ziggy" -después convertido en "Aladin Sane"- pero cuando tuvo una de las alineaciones más espectaculares y el sonido más ácido:

Paralelo a Led Zeppelin, Bowie también regalaba con un rock poderoso basado en riffs y largos pasajes. "The Width of a Circle" y "All The Madmen" son el ejemplo perfecto de esto.

En esta época estaba acompañado de una alineación después conocida como "The Spiders From Mars" y que cerraría un ciclo con ese disco de covers de canciones de The Who, Pink Floyd o hasta Bruce Springsteen, que le dio la gana hacer y que tituló "Pin Ups". Eran Mick Ronson en la guitarra, Trevor Bolder en el bajo y Mick "Woody" Woodmansey en la batería.

Ronson imprimió el sello de esa época. No solo tocaba la guitarra y era el encargado de los solos y ponerte a alucinar, pero además le producía muchas de las canciones. Escandalizaba en los actos en vivo, con las simulaciones sexuales y ademanes que hacía con Bowie en el escenario.

Mick Ronson, aquel mítico guitarrista y segunda voz; su mano derecha en esos días de "Hunky Dory", "The Man Who Sold the World" y claro el " The Rise and Fall of Ziggy Stardust and The Spiders From Mars", murió de cáncer de hígado en 1993.


Los fans del artista expresaron así sus condolencias en diversas partes del mundo.
 Los fans del artista expresaron así sus condolencias en diversas partes del mundo.  (Foto: Reuters)

Trevor Bolder era un tipo raro y parco, con pelo largo, flequillo y largas patillas canosas. Sin duda un bajista excepcional. Tenía una técnica rara en la que utilizaba prácticamente toda la mano y no solo el índice y el dedo medio. Metía el anular y el meñique de una forma inusual para un bajista. Usaba pocas distorsiones u otros efectos pero era presente en ataque.

Trevor murió en mayo de 2013 de un fulminante cáncer de páncreas que lo consumió en medio año de intensa batalla.

Nadie sabía del cáncer de David. Se mantuvo discreto con el tema y sólo sus familiares cercanos estaban al tanto. Disco nuevo, video nuevo. Nunca nadie siquiera lo sospechó.

Había estado en contacto de nuevo con Brian Eno vía correo electrónico. Entre ideas, risas y planes para reunirse y trabajar en algo nuevo, un buen día recibió un inusualmente afectuoso correo agradeciendo los maravillosos momentos que habían pasado. Fueron cuatro décadas de amistad y colaboraciones. Brian después entendió que en realidad se estaba despidiendo.

A medida que han ido pasando los días, la prensa revela, que fue un cáncer de hígado, lo que le quitó la vida a David Jones a sus 69 años de edad.

De aquel inolvidable cuarteto de los setenta, responsable de los que en mi opinión son los mejores y más solidos discos de Bowie y entre los que se incluye el que para mi es de hecho su obra más importante (El Ziggy Stardust), hoy solo sobrevive Mick Woodmansey el baterista.

No puedo dejar de asombrarme y lamentarme de que el cáncer le cobró la vida a Ronson a los 49, a Bolder a los 62 y a Bowie a los 69. Se suponía que eran invencibles.

Veo con extraño morbo y mucho asombro, aquella clásica foto del cuarteto donde solo Bowie mira a la cámara y está inclinado sonriendo; Ronson señalando algo en el piso. Woodmansey recargado en un banquillo viendo al infinito y Bolder serio -como siempre estaba- quizá apunta la vista al mismo punto infinito que el baterista.

La mítica alineación se desvanece de la foto. Tres de ellos murieron de cáncer, los tres eran aun jóvenes, los tres nos regalaron historia.

Hoy prefiero recordar a David Jones como era: Un espigado y misterioso tipo del cual sabíamos algunas cosas pero cuya vida personal, a pesar ser sin duda fascinante, y excéntrica, quedó rezagada con la creación del artista David Bowie el cual vivirá siempre a través de su fantástica obra. Qué inmensa pena la perdida terrible que tuvimos, pero que herencia eterna la que este nos dejó.

Querido David: Gracias, descansa en paz, lo mereces. Nosotros te recordaremos siempre. Saludos a Mick y a Trevor.


Resource Not Found: (image) http://static.quien.com/
Newsletter
Ahora ve
No te pierdas