La Patagonia como no la conoces

La Patagonia argentina se desparrama hacia lo inconmensurable del Polo sur, pero sólo necesitas dos “polos” allí para llegar al fondo de su esencia: El Calafate y Ushuaia.
La Patagonia argentina se desparrama hacia lo inconmensurable del Polo sur, pero sólo necesitas dos “polos” allí para llegar al fondo de su esencia: El Calafate y Ushuaia.
 La Patagonia argentina se desparrama hacia lo inconmensurable del Polo sur, pero sólo necesitas dos “polos” allí para llegar al fondo de su esencia: El Calafate y Ushuaia.

Semanas después de haber caminado en la superficie del glaciar Perito Moreno, cuesta trabajo empatar las sensaciones atesoradas con la foto panorámica megapublicitada del gigante. Durante el trekking sobre su techo, sólo existen el sudor, la euforia, el dolor de tobillos, el ruido de las botas al triturar el hielo y la luz azul que se refracta desde el interior del blanco inmenso. O sea, nada que ver con la postal de esos 5 kilómetros de pared cortada de tajo, usada por los noticieros cada vez que se quiere hablar del calentamiento global o de una era geológica pasada. Plantarte en el Perito Moreno es fácil, cómodo y no más caro que una semana en alguna playa lujosa y de moda en República Dominicana, si te dejas guiar por buenos agentes especialistas y viajas con información.


La Patagonia es pura naturaleza rodeada de nieve.
 La Patagonia es pura naturaleza rodeada de nieve.  (Foto: Getty Images)

¿De dónde viene ese exotismo radical que la Patagonia suele comunicar? ¿Será que fue colonizada y explotada por europeos apenas bien entrado el siglo XIX? ¿Tantas hazañas y catástrofes náuticas al sur, en el estrecho de Magallanes y el canal Beagle? ¿O es simplemente su colección única de paisajes apabullantes?

La Patagonia es historia, amplitud, naturaleza y soledad. Allí los "temas" son: montañismo en verano y deportes de nieve en invierno. Y también son dos los puntos de partida: las ciudades de El Calafate y Ushuaia.

El Calafate, Puerta de los Glaciares


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 -  (Foto: Getty Images)

La pujanza de esta ciudad de no más de 25 mil habitantes, a orillas del lago Argentino y a tres horas de vuelo desde Buenos Aires, se explica de inmediato cuando, al detectar desde la carretera la mole soberbia del hotel Alto Calafate, el primer chisme que fluye es que "la dueña es Cristina Kirchner", presidenta saliente de Argentina -y poseería tres más-. El Calafate cuenta con 8 mil plazas hoteleras y 13 vuelos aterrizan en su aeropuerto todos los días por una sencilla razón: glaciares, glaciares, glaciares.

El Perito Moreno (nombrado así en honor a Francisco Pascasio Moreno, naturalista y héroe nacional que definió el criterio para establecer los límites territoriales entre Chile y Argentina en el siglo XIX) no es el glaciar más grande ni el más importante para la ciencia, pero sí es el más accesible. Está separado de El Calafate por 80 kilómetros de carretera asfaltada, así que casi sin enterarte ya estás caminando por pasarelas y plataformas, con la maravilla ante tus ojos. Mirarlo no es suficiente. Un catamarán navega hasta una de sus orillas, donde arranca la ascensión y el trekking sobre su superficie, tras paseo por un hermoso bosque de árboles que nunca habías visto antes (ñires, lengas, guindos: puros nombres con resonancias fantásticas).

Si lo que quieres son sensaciones y vistas antárticas, en el mismo Parque Nacional Los Glaciares, te recomendamos el tour Ríos de hielo. Más de cuatro horas de navegación entre canales, icebergs, murallas de hielo y el glaciar Upsala, de ¡800 kilómetros cuadrados!

¿No eres demasiado aficionado a esas visiones gélidas? A poco más de 200 kilómetros de El Calafate está la comunidad de El Chaltén, la "capital argentina del senderismo"; ante ella, el monte Fitz Roy.

Plan top: hospedarse en el exclusivo hotel Eolo, al pie de una colina, con sólo 17 habitaciones. Paz, silencio y aislamiento. Otra opción: la estancia Cristina, a un lado del glaciar Upsala. Un modelo clásico de explotación económica de la zona (el equivalente a nuestras haciendas).

¿Qué comer? El cordero es el tótem de la Patagonia. Difícil que haya alguno mejor en el mundo; será la calidad de los pastos y el asado lento, lento... En el hotel Kosten Aike comimos uno sensacional.

Ushuaia, el fin civilizado del mundo


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 -  (Foto: Getty Images)

Para dar una idea de lo inconmensurable en la Patagonia: entre El Calafate y Ushuaia, la ciudad-ciudad más austral del mundo, hay 878 kilómetros de carretera. Bienvenidos a la Tierra del Fuego, prácticamente a la Antártida, aunque sea sólo en "vibra", pues otros mil kilómetros al sur y ya inicia el continente blanco.

Ushuaia es industriosa, comercial y aguerrida (capital de las islas Malvinas, las cuales son, claro, argentinas). Y es la anfitriona de los numerosísimos esquiadores que van a hacer lo suyo en el cerro Castor, el centro de deportes de invierno más moderno de Argentina. Los más acaudalados se hospedan en el hotel Arakur, una maravilla de arquitectura mezclada con mobiliario artesanal, encaramado en el cerro Alarkén.


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 -  (Foto: Getty Images)

Plan top: navegación en canoa, excursión y campamento en la isla Gable, en el canal Beagle, organizado por Canal Fun, uno de los operadores de turismo de aventura más singulares de la zona.

¿Qué comer? Cordero, sí de nuevo, pero la verdadera joya: la variedad "fueguina", alimentada con pastos más jugosos que los de Santa Cruz. ¿Dónde? En el refugio Tierra Mayor. ¿Y de beber? El vino patagónico no es maravilloso, pero la cerveza Cape Horn, sí.

La brújula en Patagonia


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 -  (Foto: Getty Images)

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