Manolo Caro: confesiones de un director

Le pedimos al director que nos explicara su nuevo proyecto: Elvira, te daría mi vida pero la estoy usando. Una cinta que nada tiene qué ver con sus historias de jóvenes experimentando el amor.
Le pedimos al director que nos explicara su nuevo proyecto: Elvira, te daría mi vida pero la estoy usando. Una cinta que nada tiene qué ver con sus historias de jóvenes experimentando el amor.
 Le pedimos al director que nos explicara su nuevo proyecto: Elvira, te daría mi vida pero la estoy usando. Una cinta que nada tiene qué ver con sus historias de jóvenes experimentando el amor.

El éxito es relativo, hacer la película que soñaste es el verdadero triunfo. Hace cuatro años, mientras tomaba una copa de vino pensaba en la hilarante y popular anécdota del hombre que se fue por cigarros y nunca volvió. ¿A dónde fue?, me pregunté, síntoma de que debía dejar de beber. Pero no fue así, y lo que se pudo convertir en una noche de copas fue la punta de lanza para mi siguiente historia, la historia de Elvira, la última mujer de la que me he enamorado.

Elvira, te daría mi vida pero la estoy usando es un título complejo, divertido e intenso, mismas cualidades con las que definiría a una mujer, por eso decidí dejarlo. Ya tenía el título, la anécdota y el reto: una protagonista absoluta a la cual no iba a abandonar en ninguna hoja del guión.

No fue sencillo, era un viaje completamente diferente a mis trabajos anteriores, y, al contrario de lo que muchos piensan, el proceso de escritura tiene poco romanticismo, se escribe cuando se puede y se escribe lo mejor que se puede. Crear el universo de Elvira fue complejo porque habla del dolor, la traición, la soledad y la incertidumbre... de qué harás con tu vida ante el abandono, habla de la reinvención. Elvira tiene dos hijos, mil pesos en un cajón y la firmeza de que debe salir adelante ante la adversidad; es una superheroína doméstica que empodera a la mujer mexicana, a la mujer que lucha y, en otro plano, a la mujer en un mundo de hombres, como lo es el cine.

Recuerdo el discurso de Cate Blanchett al ganar el Oscar en 2014, mencionaba lo difícil que es en la industria levantar una película protagonizada al 100 por ciento por una mujer, donde se hable de ella y de lo que le compete. Parece absurdo pensar que es así, pero si lo es en Hollywood, imagínense cómo nos va en México.

Hubo gente que se rió de mí por abandonar las comedias románticas sobre chavos que habían posicionado mi carrera. Al presentarles la historia de una mujer entrando a sus 40 años, perdí el apoyo de productores y distribuidoras que habían colaborado conmigo antes, por ir en contra de lo que "funciona" y por querer hablar de un universo que, según sus palabras, no tenía nada que ver con el mío. Qué flojera hacer siempre lo que la gente espera que debes hacer, ¿no?


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 -  (Foto: Cortesía)

Regreso al discurso de Blanchett, en el que también dijo: "Existe gente que tontamente cree en la idea de que las películas protagonizadas por mujeres son experiencias de nicho". Ante esta reflexión, un día pensaba en por qué yo había decidido tomar el camino lleno de obstáculos y pensé: "Desde que murió mi padre crecí en un universo completamente femenino, ellas (las mujeres) me sacaron adelante, me educaron, me inspiraron: mi madre, mi nana, hermanas y amigas". Mucho les debo y hablar de ellas me parece la forma más honesta que tengo de regresarles un poco de todo lo que me han dado, un discurso fuerte para defender mi proyecto y a mi personaje ante la adversidad. Al final tenía ya algo en común con Elvira: nuestra lucha.

¿Qué sería de cineastas como Woddy Allen, Pedro Almodóvar, Federico Fellini o Jean-Pierre Jeunet sin la mujer? Ellos, los más grandes hablando de mujeres, a lo largo de su filmografía fueron parte de la fortaleza al enfrentar el proyecto, así como lo fue querer permear la esencia de la mujer mexicana en cada cuadro. Por eso no creo que fuera casualidad que durante el proceso escuché tanta música, desde Ana Gabriel pasando por Chavela Vargas y Astrid Hadad hasta el disco tributo que hizo mi querida Natalia Lafourcade a Agustín Lara, el cual inspiró los acordes del score original del filme con la melodía "Elvira bonita".

El personaje y la historia están hechos a la medida de Cecilia Suárez, con quien tengo una complicidad creativa y personal muy particular. Quería que se sintiera cómoda pero también que le representara un reto como actriz. Nuestra estrecha relación de años me daban ventaja sobre cómo seducirla para que me dijera que sí a cosas que sé que en manos de otro director no hubiera hecho. Así fue como nos embarcamos en el rodaje, dando un salto al vacío de la mano de gente que quiero y respeto, como es el caso de Luis Gerardo Méndez y Carlos Bardem, entre otros.

Menos mal que fue así porque a la segunda semana de rodaje me diagnosticaron mononucleosis; mis defensas estaban por los suelos y me pidieron no levantarme de un sofá si es que quería seguir filmando. Algunos días me enfrenté a fuertes dolores de cabeza frente al monitor y fue cuando decidí dejar de luchar contra mi cuerpo y disfrutar lo que estaba sucediendo en el set. Las cosas fluían y cuando esto ocurre hay que darles su espacio y su tiempo; no luché contra textos o escenas que dejaron de funcionar en el set. Los proyectos tienen vida propia, siempre lo he dicho y hay que respetarlos. Postrado en ese sofá empecé a ver en el monitor la película que soñé, porque también los sueños se modifican. Elvira empezó a tomar decisiones sobre nosotros hasta el último día en la sala de edición. Lo mejor que pude hacer fue obedecer y dejarme sorprender como el espectador que compra su boleto en taquilla.


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 -  (Foto: Cortesía)

Mostré por primera vez la película en la pasada edición del festival de Morelia. Recuerdo ver las caras del equipo, había alegría, satisfacción y muchas ganas de celebrar. La crítica decía que era mi mejor película hasta el momento; tal vez esto no diga mucho puesto que sólo llevo tres, pero me alegra pensar que estoy aprendiendo del oficio, que las horas en el set están sirviendo de algo, que valió la pena la lucha y que puedo seguir jugando sin tener que complacer a nadie.

Me he reconciliado con frases como: "Es el Almodóvar región 4", "hay alguien fuerte detrás de él apoyando su carrera" o "tiene más popularidad que talento". Esas cosas las he dejado atrás para seguir encontrando anécdotas y personajes que me apetezcan abordar, fluir con la inspiración pero también con la confianza de hacer las cosas en equipo.

En el cine como en la vida se tiene que elegir qué batallas quieres pelear. Cuando conocí a Elvira frente a aquella copa de vino sabía que iba a perder muchas de ellas, fue un riesgo que quise tomar al alejarme de las historia juveniles que pueden estar más cerca de mi realidad, pero la vida es de tomar riesgos para seguir indagando en el director que me quiero convertir, y arriesgarme con un personaje femenino me ha traído recompensas invaluables.

Una mujer como Elvira ha sido un superhéroe para mí, mi persona y mi discurso. Me gustaría que se dieran la oportunidad de conocerla, tal vez no les pase nada, pero con suerte ocurra algo y ya iremos de ganancia. Para mí es un proyecto que me ha reconciliado con las cosas que más me apasionan, mi profesión y la mujer.

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