Jacobo Zabludovsky, su vida y obra contada por él

El periodista habló en su columna de su infancia, lo conocíamos con un gran conversador por lo que también reproducimos una platica que tuvo con Quién® donde habla de su vida.
El periodista habló en su columna de su infancia, lo conocíamos con un gran conversador por lo que también reproducimos una platica que tuvo con Quién® donde habla de su vida.
 El periodista habló en su columna de su infancia, lo conocíamos con un gran conversador por lo que también reproducimos una platica que tuvo con Quién® donde habla de su vida.
Jacobo Zabludovsky con su reconocimiento QUién 50.
 Jacobo Zabludovsky con su reconocimiento QUién 50.  (Foto: Archivo Quién®)

En las últimas semanas, Jacobo Zabludovsky se puso nostálgico al compartir, en su columna del 22 de junio en El Universal, su infancia que transcurrió en la Merced, uno de los barrios bravos de la ciudad de México. Dicho escrito lo tituló "Borrador de mis memorias (III)" como si vaticinara que le quedaban pocos días de vida. Y es que, ante el umbral de la muerte las personas hacen un inevitable flashback.

Aunque esta parte de su historia siempre le gustó contarla, pues fue su formación ante la vida. Tantas mudanzas le dieron un gran aprendizaje "Cada mudanza representaba una mejoría para la familia: íbamos ganando espacio y algunas comodidades. Para nosotros era muy sencillo cambiar de casa porque teníamos la enorme suerte de no ser esclavos de las cosas".

También recordó que llegó al mundo en medio de la turbulencia; el día que nació los encabezados de los periódicos fueron la explosión de una bomba en la Cámara de Diputados. Así como hoy, 2 de julio, en que lo despiden sus familiares y amigos en medio de una gran tormenta en el D.F.

Zabludovsky y su platica con Quién®

Jacobo Zabludovsky fue un gran conversador y en 2004 cuando cumplía 75 años de edad tuvimos la fortuna que nos hablará de su vida y obra.

INFANCIA

Nací en México, en Doctor Barragán, en una época en la que esa calle aún no estaba pavimentada y era de arena. Mis primeros recuerdos de ahí son los de un circo que se incendió llamado Beas Modelo. Al año y medio nos mudamos a la zona de La Merced. Vivimos en las calles de Mesones, San Jerónimo, Las Cruces, Correo Mayor y 20 de Noviembre. Ahí transcurrieron mis primeros 20 años de vida.

Fui un niño curioso y tranquilo. Fui pobre pero nunca lo supe. Y no lo supe porque en los lugares donde viví todos vivíamos igual. Por ejemplo, jamás tuve bicicleta. Fue hasta la preparatoria cuando frecuenté otro tipo de escuela y me di cuenta de las cosas. Nos cambiamos a la colonia Condesa y nuestro nivel de vida fue evolucionando. Hasta ese momento me percaté de lo pobres que habíamos sido, sin embargo eso no mermó la cultura que mi padre (David Zabludovsky) nos inculcó.

Mi papá vendía retazos de tela por kilo en el mercado. Mi padre fue un hombre que en Polonia (de donde vino exiliado en 1926) había sido agente viajero de una librería, entonces tenía una vasta cultura literaria que nos transmitió. Así, los domingos nos llevaba, a mi hermano Abraham y a mí, a la Lagunilla a comprar libros. Nos animaba a leer lo que él había leído en su idioma original, a los rusos Anton Chéjov, Aleksandr Pushkin y Fiodor Dostoievski. Yo tenía 12 años. Siempre había libros y periódicos en casa. Se leían, se comentaban y se discutían.

De la escuela recuerdo que Raquel, mi mamá, me llevó por primera vez al kinder, en mi berrinche por no querer ir, me agarraba del barandal. La primaria la cursé en la escuela oficial República del Perú M24-24, la secundaria en la número 1 y el bachillerato en la Escuela Nacional Preparatoria en San Ildefonso, en donde tomé el área de humanidades para adquirir una cultura general. En 1943, como no había carrera de Periodismo, entré a Derecho, aunque nunca me propuse ejercer la abogacía.


Entrevistando a María Félix, en la foto Pedro Ferriz.
 Entrevistando a María Félix, en la foto Pedro Ferriz.  (Foto: Cortesía Jacobo Zabludovsky)

EL PERIODISMO

Un vecino que era corrector de pruebas del periódico El Nacional, oficio que ya no existe. Los fines de semana me llevaba a ayudarle. Ahí conocí el aroma de la tinta de imprenta, que es el mejor perfume que hay, y ya no lo pude dejar. Al mismo tiempo tenía la ilusión de ser locutor de la XEW, pues en esa época un locutor era una gran figura.

Cuando me dieron mi licencia de locutor, el 3 de enero de 1945, le fui a pedir trabajo al hombre que más admiraba en aquellos tiempos: Alonso Sordo Noriega, un locutor, cronista de la XEW, que lo mismo narraba futbol que toros o el Grito de la Independencia. Fue mi gran maestro del periodismo radiofónico, así como José Pages Yergo (fundador de la revista Siempre!) lo fue del escrito. A ellos les debo lo poco que sé.

TELEVISA

Salí de Televisa porque renunció mi hijo Abraham, a quien yo consideraba que merecía ser conductor de 24 Horas cuando Guillermo Ortega, mi sucesor, fue removido. Entonces nombraron a Joaquín López Dóriga. Abraham renunció en 2000, hablé con él, vi que su decisión era irrevocable y renuncié, nada más, sin juzgar si su razón era adecuada o no. Fue súbito.

Fue muy fuerte renunciar. Vi a Emilio Azcárraga Jean el 30 de marzo de 2000 y cuando salí de su oficina en San Ángel, a las 5 p.m, después de haber renunciado contra toda su voluntad, tras habernos dado abrazos y demostraciones de cariño (yo vi a Emilio nacer, crecer, llegar a Televisa y hacerse cargo de lo que su padre dejó), mi chofer me dijo: "¿Adónde vamos?" Y le respondí: "No sé." No tenía a dónde ir.

Televisa fue mi casa durante más de 50 años. Sufrí terriblemente. Es un poco exagerado, pero fue como salir de nuevo del vientre de la madre. Ahí estaban mis amigos, mi rutina, mis secretarias, mi teléfono... Y esa tarde no tenía a dónde ir. Todas mis tarjetas tenían el logo de la empresa. Soñaba con Televisa y con regresar, pero nunca traté de volver. Me hicieron dos propuestas posteriores, sin embargo insistí en mi renuncia.

LOS TOROS

La tauromaquia tienen una combinación muy extraña de arte con el peligro de la vida que en muy pocas profesiones se da. El torero tiene que crear una obra plástica efímera mientras expone su vida, y eso hace a la fiesta brava distinta a muchos otros espectáculos del mundo. Es cruel, por supuesto, pero muy bella. Ha creado una enorme literatura, un gran entorno pictórico, ópera... Hay una atmósfera de cultura alrededor de la fiesta brava.


Jacobo Zabludovsky y su esposa Sarita, un amor que duro 61 años.
 Jacobo Zabludovsky y su esposa Sarita, un amor que duro 61 años.  (Foto: Archivo Quién®)

SARITA

Nos conocimos en el barrio estudiantil en San Ildefonso. Ella estudiaba la prepa y yo estaba en la facultad de Derecho. La veía pasar y frecuentábamos el mismo café de chinos. Estaba muy guapa... aunque no tanto como ahora. Nos casamos en 1954.

La luna de miel fue en París. Yo trabajaba en el periódico Novedades y don Rómulo O'Farrill (director y dueño del diario) me regaló un boleto de Cubana de Aviación. Compré el de Sarita, que por cierto me costó 6,500 pesos de antes, y lo pagué a plazos por un año. Hicimos escala en La Habana, Bahamas, Azores, Lisboa y Madrid.

EL CÁNCER

Estuve enfermo. Tuve un cáncer de tipo carcinoma melanoma maligno. ¡Canijo nombrecito! -ríe-. Y sufrí también un cáncer de próstata, pero estoy curado. Necesito someterme a reconocimientos periódicos, cosa que cualquier persona a mi edad debe hacer, haya o no tenido cáncer.

El primer daño que te hace el cáncer es la palabrita. Te dicen "tiene cáncer" y se te derrumba el mundo. Después de pasado el susto, debes luchar sin tregua. Si te lo detectan temprano lo vences más fácilmente. El cáncer no perdona, si no le ganas, te mata y punto.

La divina comedia de Dante Alighieri empieza con una frase: "A la mitad del camino de la vida me encontré con una selva oscura". Durante muchos años los estudiosos de la obra de Dante se preguntaban qué edad es la mitad del camino de la vida. Para mí, la mitad del camino de mi vida fue cuando salí de Televisa y estaba convaleciente del cáncer. Es decir, hace cuatro años emprendí la otra mitad del camino de mi vida.


Sarita, Miranda y Jacobo Zabludovsky.
 Sarita, Miranda y Jacobo Zabludovsky.  (Foto: Archivo Quién®)

CREENCIAS

Creo en los valores humanos, en la amistad, en el vínculo familiar, en México con todas sus carencias, deficiencias y desigualdades.

GUSTOS

No soy de campo ni montes con nieve o playas con arena. Soy un animal urbano. La ciudad es uno de los grandes inventos del hombre. Me gusta caminar por las calles donde hay semáforos, quioscos de periódicos, una librería... Me gusta pasear por París, la ciudad más hermosa del mundo, por el Madrid de los Austrias, por Londres, Venecia y, obviamente, México.

Ciudad: México.

Libro: El Quijote.

Canción: "Vuelo de cenizas" de Gustavo Rivas.

Pecado: los siete.

Debilidad: la familia.

Gula: el mole poblano.

Fruta: el mango y la guayaba.

Película: La fiebre del oro de Chaplin, El ciudadano Kane de Orson Wells y Ladrón de bicicletas de Vittorio de Sica.

Valor: la lealtad. Momento: cuando termino de trabajar y me voy a comer a casa, con mi esposa o con mis amigos.

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