Ángeles Mastretta.
De carne y hueso
Iván Pasillas @Iv_Moony
Miércoles 21 de marzo de 2012 a las 09:00
De la novelista de `Arráncame la vida´a la mujer lejos de la máquina de escribir y cerca de su familia.

angeles
Ángeles Mastretta (Foto: Archivo Quién)

En el nuevo número de la revista Quién que ya está a la venta, Diana Amador hace un conteo de las cinco mujeres en cuyas manos descansan importantes instituciones culturales en México. El tópico de las mujeres ejerciendo poder en la cultura, me llevó a pensar en otro gran talento nacional, que si bien no se encuentra a la cabeza de la Cineteca o Conaculta, es el primero que brota en mi mente al momento de hablar de una influencia en el ámbito. Me refiero a Ángeles Mastretta.
 


Este artículo inició con una intención muy distinta a ésta que van a acabar leyendo en los siguientes párrafos. Mi primer acercamiento al tema fue intentar conversar con la misma Ángeles para que me contara un poco sobre la evolución del papel de la mujer en la cultura mexicana, pero, debido a compromisos y conflictos de tiempo, no les voy a mentir, me quedé con las ganas.
 


De ahí que Ángeles Mastretta me pusiera en contacto con Teresa Zaga, quien está preparando una pequeña crónica sobre la escritora donde describe el momento en que la conoció y tuvo la oportunidad de convivir con ella y su familia. Leer este perfil  despertó  en mí una idea completamente distinta para este artículo. Ángeles Mastretta es mucho más que un ícono de la literatura mexicana, es mucho más que una escritora sentada frente a un teclado (o máquina de escribir, u hojas y hojas interminables de borradores en sucio).  Como toda mujer dentro y fuera del ámbito cultural, Ángeles es, ante todo, una amiga, una esposa, una cómplice y, claro, una madre.


 
Dentro del relato de Teresa Zaga se puede leer un recuento de una pequeña convivencia familiar de la cual la periodista tuvo la oportunidad de ser parte. Una donde los personajes de fantasía y los parientes de Ángeles parecían relacionarse por igual. No debido a ningún brote de esquizofrenia, sino por esa bizarra proyección que existe entre las personalidades que creó Mastretta en su imaginación y la forma en la que dichos rasgos fueron adoptados por algunos de sus familiares. En el caso de su hija, Cati, por ejemplo, Zaga asegura haber conocido al vivo reflejo de Emilia Sauri (‘Mal de Amores').


 
Esta crónica despertó un recuerdo en mí. Una casa en San Miguel Chapultepec, una gran familia reunida en la mesa para la hora de la cena y mi presencia intrusiva (y un poco ingenua también) en medio de la sala con los ojos de plato. Sin darme cuenta y de la manera más azarosa posible había caído en plena comidia familiar de los Aguilar Mastretta. De la escritora, había escuchado mucho por parte de mi madre (una fan asérrima y novelófaga desde que yo era un huevo cigoto), del periodista -y esposo de Ángeles- Héctor Aguilar Camín mi padre se había encargado de llenarme de datos.


 
La familia me recibió con brazos abiertos e incluso me invitaron a "tomar algo", pero yo, sin hambre y ni tantitas habilidades sociales, me negué y procedí a la labor que me había llevado ahí: entregar un disco duro a Catalina Aguilar (alias Emilia, de acuerdo a Teresa Zaga), hija del par de escritores y, también por azares del destino, amiga cercana mía.


 
Ese es el primer recuerdo de Ángeles Mastretta que tengo archivado en la cabeza. No es el de una novela, no es el de la película "Arráncame la vida" y no es, muy a pesar de la intención inicial de esta columna, el de una mujer atiborrada de poder cultural. Curiosamente, cuando a mí me dicen el nombre de Ángeles, vuelvo inmediatamente a la madre de mi amiga, a la mujer que tantas veces me (y nos) abrió las puertas de su casa y jardín para cantar karaoke disfrazados de José José y pedir cajas y cajas de pizza; a la aficionada al cine que, luego de ver mi cortometraje de titulación de la universidad comentó que le había enternecido (esto lo sé por Cati, claro y es un recuerdo muy valioso.)


 
¿Qué es entonces una mujer en la cultura en México? Diana Amador de la revista Quién enlista a Paula Astorga, directora de la Cineteca Nacional; a Nubia Macías, directora de la FIL; a Consuelo Saizar, presidenta del Conacutla; a Teresa Vicencio, directora del INBA, y a Lidia Camacho, directora del FIC. Pueden leerlo todo sobre sus trayectorias, sueños y proyectos en el número en venta de la publicación (y lo recomiendo ampliamente), pero yo he llegado a una conclusion diferente sobre estos personajes luego de la reflexión a la que me obligó el recuerdo de Ángeles:


 
Una mujer con poder es aquella a la que vemos mirando hacia arriba, cuyo nombre nos llena de respeto y admiración y, aceptemoslo, también de vez en cuando nos provoca imaginar a seres en otras escalas. Inalcanzables y lejanos. Pero también es una que, distanciada de su escritorio, de su institución y su novela, es tan comadre como cualquiera, tan mamá preocupona, tan la amiga de los grandes consejos y la debilidad por un buen vino. Inicié queriendo escribir sobre las mujeres en la cultura, para terminar haciéndolo sobre la mujer fuera de ella. Pero como Teresa Zaga me haría saber, incluso una escritora tan grande como Ángeles Mastretta, de vez en cuando necesita que alguien le aconseje cuando un poco más de delineador no está de más.