Máxima de Holanda
estrena biografía
Érika Roa
Martes 03 de noviembre de 2009 a las 10:00
La futura reina de Holanda, quien hoy llega a México, nació en Argentina, padeció sobrepeso, fue una niña muy rebelde y tuvo mala suerte en el amor hasta que apareció su príncipe azul.

Máxima
Máxima es una de las princesas más bellas de Europa. (Foto: Archivo Quién)

Cuando presentaron el libro los autores, Gonzalo Álvarez y Soledad Ferrari, se quejaban de que recibieron mucha presión por parte de la Casa Real Holandesa para obstaculizar la creación de esta biografía y luego para que no saliera a la luz.

La verdad es que la biografía no revela alguna historia turbia u oscura de Máxima, al contrario. Lo que sí hace es que cuenta muchas anécdotas divertidas de la fascinante vida de Máxima Zorreguieta, la joven que enamoró al príncipe heredero Guillermo de Holanda y con ello demuestra una vez más que cualquier mujer es candidata al puesto de princesa.

Las aspiraciones de una humilde cuna

No había domingo que a Carmenaza Carricart de Cerruti, abuela materna de Máxima” no se le viera asistir a la misa de las once acompañada de todas sus hijas, María del Carmen (mamá de Máxima) María Rita, María Cecilia y Marcela. “Esta misa es la que importa” les repetía a sus retoños y es que a esa hora asistían los polistas porteños que aún sudorosos con sus pantalones blancos y sus botas pisaban temprano la iglesia , un deber de clase. Para Carmenaza ellos representaban el pasaporte a la clase social más alta del pueblo rural de Pergamino ubicado a unos 220 kilómetros de la Capital Federal y porqué no hasta las de Palermo. Clase social a la que siempre soñó pertenecer y nunca pudo pero sus hijas podían conseguirlo, claro, para eso estaba ella que les podía dar unos cuantos empujoncitos y hacerlas mujeres de sociedad.

Máxima
En el verano de 1975, con su madre, María Pame, y su hermano Martín. (Foto: Archivo Quién)

De origen francés, Carmenaza llevaba con orgullo su apellido pero no le alcanzaba para ser reconocida socialmente, ni tampoco el hecho de ser la esposa del doctor del pueblo, su esposo, Jorge Cerruti o mejor conocido como el Tata Cerruti.

En muchas ocasiones el señor Cerruti le decía “Deja que las chicas elijan los novios que quieran”. Y Carmenaza le respondía “Que ellas elijan pero yo filtro”.

Con el tiempo sus hijas se fueron haciendo amigas de los guapos polistas y sus familias: los Urquiza, los Anchorena, los Lagos Mármol, los Brauer Moreno y de los Marín Moreno. Ya no era necesario empujarlas al atrio.

Tanto cuidado puso Carmenza en colocar a sus hijas que pasó lo inevitable: se descuidó.

Al círculo social llegó un hombre un poco mayor que los demás y muy carismático, él era Jorge Zorreguieta, papá de Máxima.

Jorge de 36 años, vivía con ingresos de clase media acomodada, tenía una oficina de despachante de aduana cercana al puerto de Buenos Aires y además tenía tiempo dedicándose más a la producción agropecuaria, en especial a la actividad gremial. Y es que la familia de su esposa, porque era casado, tenía 400 hectáreas, Las Escobas, lindero al poblado de General Nelly. Ahí había aprendido algo de producción agropecuaria y de ahí que fuera cada vez más seguido al campo y a Pergamino,  uno de los lugares que más visitaba.

Fue ahí que conoció a María del Carmen, María Pame, como la llamaba su familia. Desde el principio quedó encandilado con la hija de su buen amigo el Tata Cerruti, pero no hizo mucho para conquistarla.

Un día desayunando en la cafetería El Molino, el Tata Cerruti le contó a su buen amigo que su hija María Pame quería irse a trabajar a la Capital que sí podía ayudarle a conseguir algo, le contó que su hija estaba obsesionada en irse para estudiar y trabajar. Zorreguieta le dijo “Déjeme ver qué puedo hacer”…

Jorge le dio trabajo a María Pame en su propio despacho como secretaria y fue ahí donde los padres de Máxima se enamoraron. Meses después de fueron a vivir juntos.

Jorge no podía divorciarse porque no existía este recurso en Argentina así que a ojos de todos seguiría siendo casado a pesar de haberse ido de su casa en 1968 y dejando a tres hijas.

Como María Pame no tenía el valor de decírselo a su madre en persona, un día la pareja fue a visitarlos y ésta le dejó a Carmenaza una carta en el comedor donde le explicaba todo lo sucedido. El Tata Cerruti se sintió traicionado por su amigo 16 años menor que él y 16 mayor que su hija, por su parte la abuela de Máxima no podía creer lo que leía, no podía creer como ella misma había dejado “al diablo entrar a mi casa”. Toda una desgracia.

Llega la reina de la casa

María Pame juraba que era niño al igual que su esposo que ya tenía tres niñas de su primer matrimonio. Pero se equivocó, fue niña y nació el 17 de mayo de 1971. Zorreguieta sintió cierta culpabilidad al desear tanto a un varón “Cuídamela siempre. Que sea una mujer feliz” rezó.

Cuando María Pame le preguntó “¿Cómo vamos a llamarla?”, su esposo le contestó “Si estás de acuerdo le pondremos Máxima como mi abuela”, un mujer muy importante para Jorge y también importante dentro de la aristocracia porteña. Sin embargo el significado lo era más: “Máxima, la más grande de todas”.

Máxima
Máxima nació el 17 de mayo de 1971, en Buenos Aires, y fue la primera de cuatro hermanos. (Foto: Archivo Quién)

Al año tres meses Máxima ya hablaba muy bien y caminaba por el departamento de 120 metros donde vivían. Era tan parlanchina que metía en cada apuro a su madre. ¿Porqué tiene el pelo tan duro, señora? Le preguntó a una amiga de su madre que había ido de visita.

Jorge adoraba a su hija por la que siempre ha sentido predilección entre todos sus hijos; curiosa, risueña, inteligente, no podía resistirse ante su Máxima.

Los Zorreguieta Cerruti llevaron un estilo de vida típico entre las familias de la aristocracia vernácula venidas a menos. Los padres de Máxima hicieron grandes esfuerzos para darles a sus hijos una vida acomodada, siempre fueron a los colegios más costosos del país, vacacionaban en Bariloche donde Jorge tenía una cabaña que le hacía sudar las quincenas, veraneaban en Mar de Plata, Miramar o hasta en Punta del Este. Tenían también caballos en Pergamino para que sus hijos aprendieran a montar, Jorge o Coqui como lo llamaban de cariño exprimía los ingresos para mantener a su familia y darle lo mejor de lo mejor. Tenían mucama, impecablemente vestida, pero no contaban con cocinera, ni niñera y menos chofer.

Vivían en una de las zonas más cotizadas de la Capital pero dentro del departamento la familia respiraba aires de austeridad.

Vestían bien pero por lo general era ropa cocida a mano y su Fiat 1500 no la cambiaron en diez años. Cuentan los autores que cuando iban a Bariloche, Coqui aprovechaba una larga bajada para poner su auto en punto muerto  y así ahorrar gasolina. Por aquellos años el padre de Máxima era Subsecretario de Agricultura en la dictadura de Jorge Rafael Videla pero en la familia jamás se habló de ese tema, ni mucho menos de los cientos de desaparecidos que hubo en esa época.

Máxima asistía al exclusivo colegio de niñas Northlands, uno de los tres más caros de Argentina, llevaba una lonchera de Heidiy abajo de un árbol, sola, se comía su lunch  porque a sus padres no les alcanzaba  para pagar el comedor. La preferida de Coqui siempre cuidaba tener las medias altas porque según su madre eso era signo de elegancia.

Máxima
Sus padres la mandaron a las escuelas más caras de Argentina. Aquí con su uniforme del colegio Northlands. (Foto: Archivo Quién)

Ahí conoció a sus mejor amigas Valeria Delger, Samantha Deane y Florencia Di Cocco, una amistad que describen es a prueba de príncipes y largas distancias. Cursó con ellas primaria y secundaria, eso sí en inglés.

Una de sus maestras les dijo un día “Chicas, ustedes van a ser las esposas de la clase diligente”, y sí es cierto.

Máxima no fue una alumna brillante le costaba la geografía e historia pero adoraba el inglés siempre fue muy buena para los idiomas y los deportes. Era muy parlanchina, hablaba en todas las clases y era imparable.

Tomaba clases de esquí cuando iban a Bariloche donde se enamoró de un niño a la edad de diez años. La sonrisa de Máxima en aquel entonces no era lo que es hoy, gracias a la terquedad de María Pame de llevarla al dentista con frecuencia hoy Holanda puede disfrutar de esa sonrisa.

También por aquella época Máxima empezó a lucir regordeta, su madre hacía esfuerzos sobrehumanos por ponerla a dieta pero su padre siempre le daba dulces o le daba dinero para comprarlos. Los kilos siempre han sido todo un tema en la vida de la princesa.

Bendita juventud

La época más difícil en la vida de Máxima fue la pubertad, además su peso le jugaba una mala pasada justo en la época en que las chicas se quieren ver más lindas. La relación con su madre fue simplemente insufrible para las dos.

Por si fuera poco las diferencias económicas entre ella y sus amigas del Northlands la hacían sentir mal.

Mientras sus amigas comían hamburguesas y refrescos en los restaurante de Bariloche, ella sacaba  su sándwich de jamón y huevo duro que le preparaba su madre e incluso a veces las convencía de hacer un picnic en la montaña.

Para esquiar ella llevaba el pantalón que su media hermana le había heredado, la chamarra que le habían comprado sus padre, las botas de otra hermana, en fin todo un coctel, nada que ver con los exclusivos trajes que lucían sus amigas que pertenecían a las familias más acaudaladas de Argentina. Lo que es la vida ahora ésta le ha recomenzado con creces, hoy es una de las mujeres más elegantes del mundo.

Máxima
Le gustaba bailar y fumar, quienes la conocen la definen como muy divertida. (Foto: Archivo Quién)

Cuando cumplió quince años su madre y su abuela Carmenaza querían hacerle una fiesta de quince años pero Máxima que casi siempre contestaba mal les dijo “Es una grasada, Carmenaza” y así terminó con la ilusión de amabas. Cambió una pretenciosa fiesta por una pizza en el living de su casa y luego junto con diez amigas se fueron a la discoteca de moda de los niños bien de Buenos Aires, el New York City.

Ahí esperaba encontrarse con Martín Giesso su primer novio, una suerte de principiante ya que Máxima tuvo muy mala fortuna con los chicos.

Ella era quién lo iba a ver a su casa, veían tele y se divertían pero no duró mucho.

Mientras María Pame seguía presionando con el ligero sobrepeso de Máxima “Con la altura que tenés y con tu hermosa carita, si te pusieras a dieta podrías ser modelo”, le decía a su hija.

“Dejate de joder mamá” le respondía.

Cuando su madre la ponía a dieta la hoy princesa de Holanda se las arreglaba para guardar provisiones de bajo de su cama.

Llegó el segundo novio de Máxima Tiziano Iachetti y su madre montó en cólera “¡Te lleva siete años!” a lo que contestaba Máxima, porque siempre tenía una respuesta “¡y papá a vos te lleva quince!”, María Pame sólo respiraba profundo.

No podía con su hija, no podía con lo rebelde y desordena que era, aunque sus amigas la consolaban y le decían que en realidad esos eran los únicos problemas con ella porque había otras jóvenes con problemas más serios.

En 1988 se graduó del Northlands y sabía muy bien lo que estudiaría: Economía. Su viaje de graduación no lo pudieron hacer como otras generaciones a Europa por la fuerte crisis que vivía la Argentina, pero las chicas habían ahorrado y llegaron a Bariloche donde conoció a Cynthia Kaufmann. Entró unos años atrás al colegio y muchas comentaban que era judía y que su padre se había hecho rico  vendiendo armas. A Máxima eso no le importaba, Cynthia era divertida y sabía esquiar bien. Ella sería quien años después presentó a Máxima con el príncipe Guillermo.

En el viaje, la nuera de la reina Beatriz se divirtió de lo lindo, esquiaba, dormía y por las noches salían a los lugares de moda, fue en el Paladium donde Máxima descubrió su bebida favorita: el Alexander (segundo nombre de su hoy esposo).

En el anuario donde todas sus amigas dejaban pistas sobre su futuro, Máxima sólo escribió quizá intuyendo lo que le esperaba “Too many to explain”.

Su faceta como economista

Su promedio universitario fue 6.35 sobre 10 y su tesis fue calificada con 9. Máxima no fue una gran estudiante en la Universidad privada y religiosa de la UCA. Sus padres hicieron como siempre grandes esfuerzos para darle lo mejor “Gracias algún día se los voy a devolver” les dijo su hija.

El primer día de universidad de Máxima fue todo un evento para los Zorreguieta Cerruti, su abuela Carmenaza la llamó a primera hora de la mañana “¡Vas a ser la primera profesional de esa casa! Después te mando a un máster a Harvard. Yo te ayudo. Tengo unos dólares ahorrados”. Máxima reía entre dientes; su abuela ni imaginaba lo que costaba un máster en Harvard.

En aquella época su romance con Tiziano vivía un buen momento y la hoy princesa para ayudar a los gastos de la casa se metió a dar clases particulares de inglés y matemáticas.

Máxima
Luego de estudiar Economía en la UCA, en Buenos Aires, se fue a trabajar a Nueva York. Aquí, en 1999, una de sus primeras imágenes como novia de Guillermo, príncipe de Holanda. (Foto: Archivo Quién)

A finales de 1992 Coqui le consiguió a su hija una buena oportunidad para iniciarse en el mundo laboral. Tres amigos de Coqui habían adquirido una casa de cambio y financiera: Mercado Abierto S.A. Aunque en su currículum  de princesa que reparte la Casa Real holandesa asegura que Maxi trabajó en Mercado Abierto entre 1989 y 1991 en realidad fue empleada desde octubre de 1991 hasta septiembre de 1993. ¿Error? Para nada.

Uno de los amigos de Coqui fue formalmente acusado de lavado de dinero proveniente del Cartel de Juárez a través de esta empresa. Se trató de la mayor operación de lavado de narcodólares detectada en Argentina, dicen que fueron 130 millones de dólares pero en la DEA están seguros de que fue 10 veces la cantidad adjudicada al caso.

Cuando Máxima quedó seleccionada entre tres candidatos en la bolsa de trabajo de la UCA para entrar al Boston Securities no dudó un minuto en renunciar a Mercado Abierto. Su trabajo  aquí le hicieron pensar la posibilidad de irse fuera de Argentina: Nueva York.

Y llegó su príncipe

Máxima dejó Buenos Aires el 9 de junio de 1996 su plan no era irse para siempre de su país, ella quería trabajar unos cuatro o cinco años y luego volver quizá con un novio internacional.

María Pame la acompañó para ayudarle a instalarse. Su primer trabajo fue en HSBC James Capel Inc. Donde pronto se hizo de buenos amigos.

Físicamente vivía un buen momento, había adelgazado y cuidaba mucho su cabellera rubia. Por si fuera poco su carácter le ayudó para hacerse de un grupo de amigos. En una de esas salidas con sus amigos se reecontró con su amiga del Northlands, Cynthia Kaufmann y retomaron su amistad. Gracias a Cynthia Máxima conoció la vida nocturna de Manhattan, era una chica muy conectada y siempre asistía a las mejores fiestas.

Máxima y Guillermo
El 2 de febrero de 2002 le dio el "ja" (sí) a Guillermo. Al padre de Máxima se le prohibió asistir a la boda por su pasado político. (Foto: Archivo Quién)

En uno de esos eventos Máxima conoció a Dieter Zimmermann de origen alemán que trabajaba para una empresa sueca. A  los pocos meses se mudaron juntos. Fue una relación apasionada de encuentros y desencuentros pero al fin y al cabo para Máxima era la relación más seria que había tenido en su pobre currículum sentimental.

En marzo de 1998 se cambió de trabajo a Dresdner Kleinwort Benson uno de los bancos de inversión más importantes del mundo como vicepresidenta del departamento de Mercados Emergentes de inmediato Máxima se entregó tanto a su trabajo y a las salidas con su amiga Cynthia que poco a poco se fue enfriando su relación con Dieter.

Un día ella y Cynthia se fueron a esquiar  a Vermont en donde como en los viejos tiempos pasaron horas esquiando y platicando, ahí Máxima le contó que lo suyo con Dieter no iba bien.

Cynthia se quedó pensando “¿En qué pensás?” Le preguntó Máxima. “Tengo un tipo ideal para vos...”

y aunque Máxima le insistió en que le revelara el nombre del galán su amiga no cedió y sólo se limitó a decirle “Tené paciencia. Cuando te enteres, te vas a caer del culo”.

Se conocieron en marzo de 1999 en la Feria de Sevilla en una fiesta. El príncipe cuatro años más grande que ella, la vio a lo lejos bailando sola, esperó a que Máxima se sentara para llegar con el grupo de amigas. Cynthia le dijo que ese rubio grandote que caminaba hacia ellas, acompañado por un guardespaldas, era el heredero al trono holandés, Máxima dijo espontáneamente “¿Ése? ¡No jodas!”

Máxima
Máxima, de 38 años, es una pricesa reconocida en todo el mundo por su labor humanitaria. Los futuros reyes de Holanda tienen tres hijas: Amalia, de 5 años, Alexia, de 4, y Ariane, de 2. (Foto: Archivo Quién)

Se presentó y Guillermo no pudo disimular lo mucho que le gustaba Máxima a quien había conocido en fotos que le había mandado poco antes Cynthia por correo.

Luego la sacó a bailar pero Guillermo Alexander no tenía muy buen ritmo así que en una de esas Máxima volteó a ver a sus amigas y les dijo “¡Es de Madera!”, el príncipe le preguntó que qué decía y la princesa le repitió la frase pero en inglés “That you are made of wood” él se rió y se enamoró.

Empezaron el romance. Los padres de Máxima estaban fascinados, entrar por la puerta grande a la realeza europea era demasiado. 90 días después Máxima conoció a su suegra Beatriz que ya había investigado a Máxima de la M a la A. Su encuentro en Italia fue todo un éxito y luego ella le presentó a sus padres también.

Dos años tardó en llegar la boda pero llegó. No sin antes presentar una gran polémica.

El trabajo de Jorde Zorreguieta como Subsecretario de Agricultura en la dictadura de Videla fue duramente criticado en La Haya a tal grado que le prohibieron a Coqui ir a la boda de su hija que finalmente vio por televisión desde Londres.

Máxima lloró y lloró durante la ceremonia y más cuando escuchó “Adiós Nonino” el tango preferido de su padre y que ella había elegido para que se tocara ese día.

Parece que todo lo que Máxima vivió, sus estudios en el Northlands, su gusto por los idiomas, el esquí y la equitación; su trabajo como importante financiera en Nueva York y hasta sus amigas, la habían preparado para su destino final: ser princesa heredera de Holanda y futura reina. A Máxima no le costó  ser princesa como les sucedió a Letizia de España o a Mette-Marit, no,  parecía como si toda su vida hubiera lo hubiera sido. Como si siempre hubiera vivido en palacios y estuviera acostumbrada a la atención mediática que recibe todos los días. Ella una hija de familia de clase media hoy es una de las princesas más bellas de Europa y dueña además de una historia fascinante.