Nombró como albaceas de su fortuna al abogado John Branca; al ejecutivo de la industria musical, John McLain, y al contador Barry Siegl, quienes firmaron como testigos.
Los tres aseguraron que en ese momento Michael Jackson era mayor de edad, que opinaban que su mente estaba saludable y que no actuaba bajo amenaza, compulsión o influencias indebidas.