30 de abril de 2008 17:54
El premio me mandó al psicoanalista
Todo mundo ya sabe que la revista Quién recibió una Mención Especial en el Premio Nacional de Periodismo por el artículo de los Fox. Pero lo que sólo sabemos mi terapeuta y yo –hasta el cierre de esta entrega–, es que desde que dieron los resultados del certamen estoy en estado de shock.
No sé dónde tengo la cabeza. Hoy mi coche se quedó sin gasolina en plena avenida Nuevo León. El fin de semana olvidé una chamarra en el hotel Palacio de San Agustín en San Luis Potosí. Y el día que me enteré de que la entrevista que le hice a Fox figuraba en la lista de los trabajos seleccionados por el jurado del Premio Nacional de Periodismo, quise llamar a mi casa para dar la noticia pero no me acordé del número de teléfono que llevo marcando desde hace 30 años.
“Estás en shock” me dijo ayer Steve, mi psicoanalista canadiense al que no veía desde hace dos años, quien, seguramente como no habla bien español, no utilizó la frase altisonante que cualquier otro mexicano me hubiera dicho. Por primera vez, el hombre que sabe todos mis secretos no me dejó hablar como en las terapias anteriores. Él monopolizó la conversación y casi casi me pedía que le hiciera canchita en el diván para dejarse oír sobre su postura acerca de que una revista del corazón se hiciera acreedora a un premio como éste.
Entre lo poco que alcancé a decir a Steve, recuerdo que le hice una crónica del día que me avisaron que había ganado: Me enteré por Valeria Ascencio, la fotógrafa del reportaje quien me llamó a mi celular para felicitarme exactamente el 22 de abril. Eran alrededor de las 3 de la tarde y estaba comiendo cerca de la oficina en un buffet con Diana (editora general de Quién), Salvador (editor adjunto), Luis (jefe de redacción) y Lupita (diseñadora).
– ¡No mames! ¿es en serio? –fue lo más fino que pude decirle a Valeria a través del celular–.
– Te lo juro, vengo en el coche oyendo un noticiero y te acaban de mencionar en la radio –me dijo súper entusiasmada Vale–.
– “¡¡¡¡¡Ganamos, ganamos!!!!!” –grité a todo pulmón en nuestra mesa. Diana me abrazó y me besó apachurradamente la mejilla. Salvador propuso un brindis así que levantamos nuestros vasos de plástico llenos de agua de limón. Yo me lo tomé de caballito, ni modo, la costumbre–.
– ¿Pero por qué no nos han hablado? Se me hace que es una broma –dijo Dianis–.
Nos metimos a internet a través de nuestros celulares y consultamos la página oficial del Premio Nacional de Periodismo. En la sección de ganadores estaba mi nombre. Gritamos. Aplaudimos. Casi lloramos. Intenté llamar a mi casa pero no me acordé del número. Por suerte lo guardaba en el celular y le di la noticia a mi mamá, quien en menos de un minuto ya había reproducido el mensaje hasta con mis primos de octavo grado.
Luego me llamó la tía Ada. Enseguida entró la llamada de Memo. Más tarde habló Mariana Salinas Pasalagua. Siguió el gran Carlos Monsiváis. En la noche marcó Ariel Crespo de CNN en Español. Katia D´Artigues me mandó un mensaje de felicitación al celular. Carmen Aristegui me escribió un mail. Adriana Delgado de TV Azteca y Rogelio Cárdenas de El Financiero fueron de los últimos en llamarme. Para cuando terminaba el día ya se me había olvidado por qué me hablaba tanta gente importante. Entré en shock. A todos estos amigos les contestaba con puros monosílabos. Y la verdad es que a la fecha sigo así. Si alguien sabe de algún remedio para aliviar el espasmo favor de compartirlo urgentemente con este humilde servidor.