“Hermana saltada, hermana quedada” seguramente pensó y comentó más de un invitado víbora en la reciente boda de Daniela Cuevas, la hermana chica de la delegada de la Miguel Hidalgo.
Y yo casi puedo jurar que el odioso refrán a Gaby le vale un pepino.
Por varias razones: una, porque ha demostrado ser una excelente torera de las opiniones ajenas; dos: porque se sabe muy diferente a su hermanas en intereses, planes y quehaceres; tres: porque de veras es muy feliz con su novio Marcelo Mereles Gras, con quien tiene una relación más que cuajada.
Gaby no es el tipo de mujer que necesita un anillo en la mano para sentir seguridad. Aunque también es cierto que frente a la idea de matrimonio, probablemente se ilusionaría. ¿Por qué no? Es mujer y está enamorada.
“No por ahora”, asegura tranquilísima ella. Y sin embargo, el rumor ya corre. No sé si porque en efecto esté fundamentado en intención real, o simplemente porque suposiciones de este tipo siempre persiguen a parejas públicas que han durado más de dos años juntos.
En todo caso, si llegara a suceder, la escena que namás no puedo imaginar es a Gaby vestida de novia yendo a ofrecer el ramo a la virgen de la Capilla Grande del colegio Regina, como acostumbran las ex alumnas ejemplares.
No me malentiendan. Pienso que la diputada conserva la sensibilidad y los valores que aprendió de colegiala, como la preocupación por el otro y el compromiso con las ideas, pero ya su estilo es demasiado contrastante con la linda escena, ¿o no? La chamba que desempeña le exige otras maneras, digamos, menos dulces.
Volviendo al galán: ¿O no lo esperable de la pareja de una mujer de este tamaño es un ejemplar tipo pelele? Pues Marcelo Mereles, todo lo contrario: se suma como nadie a la obra de su chica, pero tiene su proyecto profesional propio, es abusado, simpático y sociable.
De hecho, está de pelos Marcelo. Tanto que merece un post por sí solo. Se los debo.