Como es un hombre sensato y tiene a una mujer inteligente a su lado, opta por organizar los planes de amigos en su casa, Los Pinos.
Muy aparte de sus aciertos o desaciertos políticos, que a mí no me toca analizar, es de reconocérsele a Calderón su comportamiento social. El señor, como diría mi mamá, está siempre muy en su lugar.
Estoy segura de que al presidente, aunque sea el presidente, le pasa lo que a muchos de nosotros: quisiera decir a veces “ya no juego” y representar un papel que no es el suyo.
El sábado pasado, la pareja Calderón-Zavala asistió a la boda de la hija de un amigo suyo. Cenaron, se tomaron la foto oficial con los anfitriones, vieron el baile de los novios, convivieron un rato con algunos conocidos y desconocidos y se despidieron a buena hora.
Esa noche, Felipe expresó sus ganas de quedarse en la boda, aunque sabía de antemano, que era un deseo imposible de cumplir. Cómo le hubiera gustado no tenerse que ir, pero con toda cordura pasó a retirarse.
La neta, señor presidente, siento decirle que sí se la perdió, porque fue una pachanga de las buenas. Ni modo. Son los costos de desempeñar un cargo de peso, en un país en el que los asuntos nacionales no están para fiestecitas.
Como Calderón es un hombre sensato y tiene a una mujer inteligente a su lado, opta por no dar pie a comentarios y organizar los planes en su casa. Namás que su casa resulta ser Los Pinos, lo cual hace más atractivo el convivio para los invitados, aunque éstos sean amigos de toda la vida y su dinámica sea la de siempre: echar unos drinkies, charlar a gusto y quizá cantar algo de trova o un corridito.
Me parece sana la opción de los Calderón. ¿O por qué van a privarse de pasarla bien si lo hacen como Dios manda? Además, la terapia cuatera libera estrés. Yo la recomiendo ampliamente, sobre todo a los tomadores de decisiones de tiempo completo.
Parte de lo que me gusta de nuestro presi actual es que sin descuidar las formas y la investidura, también se revela como un ciudadano de carne y hueso, alguien con quien me puedo identificar. ¿Y qué manifestación más de persona común y corriente que la de invitar unos cuates a la casa?
Al menos yo, prefiero a un presidente humano, que haga cosas de gente normal, y no a un político tan superior, tan circunspecto, tan contenido, que luego quién sabe por dónde vaya a sacar sus traumas.