Él, tan recordado por sus rotundos y abundantes goles, hoy dirige a un equipo que namás no anota.
¿Qué pasará este 31 de marzo? Dicen los que sí saben de fut (no como yo) que el buen Hugol la tiene tan negra y tan en chino, como negra y china era su afro-cabellera en los gloriosos años 80.
Parece que la eliminación de la Sub 23 rumbo a las olimpiadas de Pekín cavó su tumba. Lo malo es que ésta no es la primera decepción de Hugo como Director Técnico, y gran parte de la camarilla futbolera que mueve los billetes (y por tanto las decisiones) quiere verlo ya lejos del Tri. De entre ellos, por cierto, Jorge Vergara ha sido el más “declarador” en su contra.
Los jugadores justifican a su líder, se saben maletas y en gran parte culpables. Ellos tienen motivos para defenderlo, yo no, pero aún así quisiera verlo en Sudáfrica 2010. Porque es Hugo Sánchez y me parece suficiente motivo personal.
También hay que decir que él debe asumir lo que le está sucediendo. No retirarse a tiempo, como dice Valentino, “cuando la fiesta todavía está llena” (creo que ahora sí me la volé con la comparación), tiene un riesgo.
Hugo, después de sus victorias como futbolista y de la gloriosa resurrección de los Pumas bajo su tutela, se pudo haber dedicado a consentir a su joven esposa y lindas nenas, o a arreglar sus diferencias futboleras con el hijo veinteañero que lleva su nombre, o a poner franquicias de clínicas dentales. Pero decidió atender el llamado de las canchas y volver al ruedo a jugársela con todo. También se comprende, está todavía muy en forma, apenas va a cumplir 50 años.
En fin, lo cierto es que la responsabilidad de dirigir a la Selección no es poca cosa. Hugo se puso de piñata. A ver si no acaba molido a palos.